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Aprendiendo Autonomía, Oaxaca

Aprendiendo Autonomía, Oaxaca

Posted by on dic 21, 2012 in all posts, Mexico, Universidad de la Tierra | 1 comment

A través de esta publicación y esperamos que a través de muchas otras que vendrán, queremos experimentar con diferentes formas y estilos de escritura, especialmente inspirados por amigos como Jonathan Wyatt y otros que han estado practicando formas más colectivas y colaborativas de escribir. Como esta publicación en particular comienza a explorar las formas en que hemos estado aprendiendo y pensando sobre la autonomía, particularmente en su relación con un sentido de conexión (en lugar de independencia individual), hemos pensado en escribir este post en forma de diálogo.

Udi: Uno de los aprendizajes más profundos para mí en México ha sido alrededor del concepto y la práctica de la autonomía. Tanto en el ejemplo de los zapatistas y del levantamiento de los docentes en  2006 en Oaxaca, como en las prácticas y experiencias diarias vividas en Unitierra, y a partir de las críticas a la industrialización, el capitalismo, el colonialismo y la Modernidad que se encuentran en las obras de Gustavo Esteva, John Holloway y antes de ellos, Ivan Illich y Guillermo Bonfil Batalla, la autonomía aparece como un tema recurrente en las iniciativas sociales, culturales, intelectuales y políticas más emocionantes que ocurren en el país. Muchos de nosotros solemos preguntarnos cómo reproducimos y perpetuamos los sistemas e instituciones que rigen nuestras vidas y de los cuales nos sentimos dependientes. A través de muchas de las prácticas e ideas que hemos experimentado y aprendido en México tuvimos una idea de cómo estas cuestiones están siendo o pueden ser contestadas en la acción. ¿Qué significa esta idea y práctica de la autonomía para ti, Kelly, y qué aprendiste sobre esto en México?

Kelly: A partir de empezar a pensar y a entender las cosas de una forma más holística, creo que el ser autónomo no es sólo sentirse libre para hacer lo que cada uno quiere sin ningún sentido de la responsabilidad de los impactos y efectos sobre el resto del mundo. Más bien, es empezar por enraizarnos nosotros mismos al lugar donde estamos, y reflexionar críticamente sobre todos los aspectos de nuestras vidas y las relaciones que establecemos con otros y de las que dependemos; reflexionar sobre las formas a través de las cuales afectamos a los otros (humanos o no) que nos rodean, así como sobre las relaciones a través de las cuales quizás nos sentimos limitados de una forma u otra. Se trata de explorar críticamente aquello de lo que somos dependientes y cómo estas dependencias se reflejan en nuestra vida cotidiana – de dónde provienen y cómo y por qué suceden esas dependencias varias. Éstas van desde las necesidades básicas de alimentos, agua, vivienda y saneamiento hasta los conocimientos en los cuales confiamos  y las fuentes de las que provienen. ¿Cómo estoy atado a diferentes instituciones y cómo éstas están limitando mi propia creatividad y el sentido de comunidad y la cultura? Es a través de considerar y explorar diferentes opciones que podremos percibir y actuar sobre nuestras dependencias. Por ejemplo, ¿cómo podría yo cultivar mi propia comida o comprar alimentos producidos localmente y de acuerdo a los patrones estacionales? ¿Cómo podría capturar el agua que viene naturalmente del cielo? ¿Cómo están mis desechos contaminando diversas fuentes y cómo podría yo y la comunidad en la que vivo hacer algo para que dependamos más sólo de nosotros mismos y por lo tanto podamos tener una relación más recíproca con la tierra en la que vivimos? Éstas son sólo algunas de las cosas que se preguntan en Unitierra y que siguen explorando. Con un énfasis en la creatividad y en la importancia de que cada uno se concentre en el tipo de aprendizaje que lo apasiona, estas preguntas son exploradas a través de distintas formas creativas, inspiradoras e inesperadas. La pregunta realmente importante que Unitierra sigue preguntándose es: “¿cómo la autonomía o la libertad de nuestro “yo” (de uno mismo) es inseparable de la comunidad, que incluye tanto a los humanos como a los no humanos?” ¿Qué pensás de todo esto Udi?

Unitierra, taller sobre injertos de árboles. Foto tomada de la filmación realizada por Udi.

Udi: Hay una forma más habitual de entender la autonomía, en la cual el concepto se asocia a menudo con la libertad individual, con el ser libre de toda coacción o con la libertad de buscar el curso de acción que cada uno desea. Creo que la práctica de la autonomía que hemos estado viendo y sobre la cual hemos estado oyendo hablar aquí en México en estas iniciativas va más allá de este sentido de libertad individual o del “yo”, porque hay una clara conciencia de que la autonomía sucede en una comunidad junto a otros, seres vivos humanos y no humanos. Podríamos decir que hay dos términos y prácticas que se superponen o que vienen junto con el concepto de autonomía: la “Comunalidad” y “los ´bienes´ comunes”/”patrimonio común”. La comunalidad es la expresión de una “cosmovisión” indígena, de una forma de ver y estar en el mundo, que Jaime Martínez Luna, activista y antropólogo zapoteco, nos explicó en una entrevista que hicimos con él. La comunalidad implica desarrollar una relación con el territorio o con la tierra en la que uno crece, una relación con el trabajo que es necesario realizar en ese lugar para poder sostener la vida, una relación con los demás a fin de organizar ese trabajo, y, finalmente, ¡fiestas que celebren ese trabajo, la comunidad y la vida!

Jaime Luna Martinez, al lado de una laguna en Guelatal. Foto tomada de la filmación de la entrevista (Udi).

En este sentido, el significado de autonomía está relacionado a la autosuficiencia y a la capacidad para generar los distintos elementos necesarios para la sustentabilidad de la vida de la comunidad. Por lo tanto, es evidente que no se trata solamente de una libertad individual, sino de la creación de un espacio común y cosas comunes que sustenten la vida. Los “commons”, las cosas comunes que están en un espacio común, el patrimonio común, es una noción y práctica incompatible con el capitalismo, ya que es algo que no puede ser comprado ni vendido ni apropiado. En cambio, estos “commons”, este patrimonio común, es aquello de lo cual se ocupan y preocupan un colectivo de personas; y los lazos que atan a las personas a estos commons no son los del mercado, sino que a menudo provienen de valores e identidades compartidas. Kelly, ¿te gustaría decir algo acerca de estos valores o cualidades relacionados a la autonomía y a los commons que hayamos aprendido en Oaxaca?

Kelly: La noción de “nosotros” y “commons” apareció muchas veces durante nuestra charla con Gustavo, al igual que este maravilloso concepto y práctica de Comunalidad. Los significados de cada uno de ellos están fuertemente relacionadas entre sí y todos ellos quitan el foco central de lo que es el individuo o el “yo”. Recuerdo que me habían dicho que en muchas lenguas indígenas en Oaxaca (y también en otros lugares), no existe una palabra para “yo”. Cada vez que una persona habla de una necesidad o de un deseo en estos idiomas indígenas, lo hace a través de una perspectiva de “nosotros”. Esto para mí es muy profundo. Después de aprender esto me puse a pensar en cuan a menudo sólo me refiero a mí misma, “yo esto”, “yo aquello”. Si cada vez que me refiero a mí, me refiriera también automáticamente y simultáneamente a un “nosotros”, tomaría inmediatamente y constantemente mucha más conciencia de todo el resto del mundo, del gran mundo, del que soy parte. Esta perspectiva trae consigo un sentido completamente diferente de la responsabilidad y de la existencia en el mundo. No borra el sentido del yo – para hablar a favor, o en representación de otros, sino que es un recordatorio constante de que no hay un “yo” sin un “nosotros”. Cualquier parte del “yo” es parte de un “nosotros” mucho mayor – el nutrir y ocuparse de estos “commons” es justamente este pensar y hacer a través de la perspectiva del “nosotros”. La noción de “patrimonio común” en el discurso ambientalista se relacionan generalmente con la “tragedia de los comunes”, que se refiere a la sobre-utilización y explotación de los recursos (hasta su agotamiento) específicamente como consecuencia de esta incapacidad de pensar y actuar a través de esta perspectiva del “nosotros” y de lo común. Como mencionabas recién, vivir de acuerdo a esta perspectiva del “nosotros” se opone bastante a las creencias y valores inherentes a nuestra sociedad profundamente capitalista.

Cezar Añorve enseña sobre los inodoros generadores de compost a través de un taller en Unitierra. Imagen tomada de la filmación. (Udi)

En Uniterra, el concepto de autonomía, entendido en esta relación con un “nosotros”, es muy visible. Existe una ética del “nosotros” y una forma de ser hospitalaria que impregnan todas las interacciones. Para empezar, cualquier persona puede entrar en el edificio que alberga Unitierra en la ciudad de Oaxaca, cualquier persona puede asistir a un taller o seminario, participar de las conversaciones, o desarrollar ideas con los demás. Nadie es superior ni inferior al resto,  sin importar su edad, género, origen étnico y/o nivel de educación. En Unitierra, todos somos sólo seres humanos explorando lo que significa estar en el mundo de formas que nos involucren críticamente con diferentes tipos de luchas. Esta forma de interactuar, o aprender juntos me es realmente rara. A pesar de que esta ética de ser y hacer en Unitierra fue influenciada significativamente por Gustavo, viene de mucho antes, viene de la relación de Gustavo con Ivan Illich y los muchos otros pensadores y activistas que se reunieron (junto con Iván) para explorar estas diferentes perspectivas y formas de ser en el mundo a partir de la década de 1970 en México, hasta la muerte de Iván en 2002.

Ivan Illich es una importante fuente de inspiración en Unitierra. Esto no es sólo debido a la estrecha amistad de Gustavo con Iván, que desarrolló durante los muchos años que vivió Ivan dentro y fuera de México, sino que es por la forma en que Iván construía y se involucraba en relaciones hospitalarias y, en última instancia, amistades profundas. Ivan Illich era una persona de muchas identidades – un filósofo, un crítico social radical, un ex sacerdote católico -, pero para muchos de los que lo conocían, no era más que un alma hermosa, hospitalaria y humilde. El texto de Iván, Deschooling Society (Desescolarizando la sociedad), es probablemente su publicación más famosa, así como su publicación más mal entendida. El libro no está en contra de la educación per se, sino más bien de la institucionalización del aprendizaje como una forma de colonización cultural. Hay muchos puntos y reflexiones críticas y creativas entretejidas a lo largo del libro, pero dos son particularmente dignos de mención. El más fuerte tiene que ver con las instituciones: lo que son, dónde están, cómo llegan a ser lo que son, cómo nos restringen y limitan, consolidándonos en posiciones que nos son impuestas, que a menudo son tan lejanas de lo que realmente queremos ser en nuestras vidas, hacer con nosotros mismos, con nuestras familias y con la Tierra. Al mismo tiempo, Illich sostiene, que se nos hace creer que necesitamos aprender de otros, que debemos confiar en aceptar el conocimiento tal cual como nos es pasado o trasmitido por otros, sobre todo por los maestros en las escuelas, y a menudo en pos de obtener un certificado o diploma para verificar que nuestro conocimiento, o el conocimiento que hemos consumido exitosamente, es suficiente. Illich y otros han llamado a este proceso “la enfermedad de los títulos o diplomas» sobre la cual el sistema educativo no sólo se apoya, sino que es a través del cual se legitima a sí mismo. Esto es exactamente a lo que se opone Unitierra a través de su apertura, hospitalidad, foco en la práctica, importancia dada el aprendizaje comunitario y al aprendizaje autoimpulsado y reflexivo, que es tan teórico como práctico.

Udi: En mi limitada comprensión, la originalidad de Illich fue contribuir a las críticas de Marx al capitalismo (que se centraban en el trabajo y en la producción), refiriéndose y tratando no sólo la cuestión de la industria, sino también la de los servicios. Illich veía a las industrias de los servicios, sobre todo la educación y la salud, también como parte de esta lógica alienante y burocrática, industrializante de la modernidad; algo de lo que los trabajadores universitarios contemporáneos  parecen estar cada vez más conscientes. La obra y vida de Illich exploran las formas de ‘escapar’ de esta lógica y de crear más espacios autónomos de aprendizaje o de servicios en su lugar, que se basen en cambio en los principios de la hospitalidad, la generosidad y la amistad. De esta manera sus puntos de vista y su práctica, su cosmovisión se podría decir, se relacionan con aspectos profundos de la experiencia y cualidades humanas: la amistad, hospitalidad y generosidad, como valores orientadores a través de los cuales se pueden crear nuevos espacios para estar y aprender juntos y potencialmente para organizar comunidades. Esta forma de pensar se encuentra en la dirección opuesta a la concepción de la naturaleza humana que tiene la mayor parte del pensamiento económico y las ciencias sociales tradicionales, que piensan a los individuos como egoístas y maximizadores de beneficios/ganancias. En cambio, se encuentra muy en línea con el continuum “yo”-“nosotros” que describiste anteriormente. Es interesante señalar, tal como Gustavo mencionó en nuestras conversaciones, que Illich aprendió mucho de las comunidades indígenas en México mientras que él estaba aquí y que su trabajo muestra la influencia de prácticas indígenas, tales como la de comunalidad.

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