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VIVA MÉXICO! VIVA OAXACA! RETAZOS DE SU GEOGRAFÍA, HISTORIA Y POLÍTICA

VIVA MÉXICO! VIVA OAXACA! RETAZOS DE SU GEOGRAFÍA, HISTORIA Y POLÍTICA

Posted by on dic 12, 2012 in all posts, Mexico, Universidad de la Tierra | 2 comments

Mapa del México Profundo. Foto tomada por Udi en el Museo Nacional de Antropología en Ciudad de México

Llegamos a una de las estaciones de autobús en la mega-Ciudad de México para comprar un pasaje a Oaxaca. Es el medio día y hemos decidido tomar un autobús que tarda 6 horas hasta Oaxaca para poder apreciar los diferentes paisajes. El sistema de autobuses aquí es impresionante.

Nuestro autobús a Oaxaca en la estación de buses de Ciudad de México. Foto tomada por Kelly

Las estaciones de autobús están muy limpias y es realmente placentero sentarse en sus salas de espera. Subimos al bus a la 1pm; por suerte nuestros asientos  son cómodos y espaciosos. Nos relajamos, esperando a que arranque, entusiasmados con el largo viaje que nos espera y la inminente llegada a la ciudad de Oaxaca.

Antes de tomar el autobús, ya habíamos pasado 5 días en México. Durante el primer par de días exploramos diferentes museos en la Ciudad de México: el Museo Frida Kahlo, el Museo Trotsky, el Museo de Antropología (ver la publicación de Udi “Política y Arte”). También pasamos tiempo con Carlos Flores y Rachel Sieder, la encantadora pareja con la que nos quedamos en un área fabulosa de la ciudad: Coyocán. Udi conoce a Carlos desde hace una década, desde el Goldsmith College, donde Udi estaba estudiando y Carlos enseñando. Carlos es un antropólogo visual y un documentalista de Guatemala que se ha focalizado en una amplia gama de cuestiones relacionadas a Guatemala pero también a otros lugares. Rachel es una especialista en Estudios Latinoamericanos y se ha centrado sus estudios cuestiones legales y de Derechos Humanos. Actualmente, Carlos y Rachel están trabajando en los sistemas judiciales indígenas en las Tierras Altas de Guatemala (la región más afectada por la guerra en los 80). Han escrito libros y realizado películas sobre cómo cuestiones particulares son resueltas en esta región Maya, y sobre cómo esto se relaciona con el Estado de Guatemala. Rachel también trabaja con temas de violencia doméstica; al ser mujer tiene más acceso a las mujeres de estas comunidades. Este enero pasarán de nuevo algún tiempo en las Tierras Altas para mostrar su película y recibir los comentarios de las personas de estas comunidades. Tanto Udi como yo pasamos un tiempo magnífico con ellos, conociendo una parte de la Ciudad de México, y aprendiendo mucho sobre las versiones indígenas de la historia de México y Guatemala.

Lleva casi una hora dejar atrás los límites de la Ciudad de México. Aunque es una de las ciudades más grandes del mundo, se siente más pequeña que lo que en realidad es. Al igual que Londres, la ciudad está conformada por otras ciudades más chicas. Hoy en día, la ciudad estrictamente cuenta con una población de 8 millones, aunque en el área metropolitana que la circunda viven entre 22 y 30 millones de personas. Esto la convierte en la más grande del mundo, título que conserva desde antes de los tiempos de los Conquistadores.

Dibujo Azteca de la capital de Tenochtitlan, como fue construida a orillas del Lago Texcoco. Foto tomada por Udi en el Museo Nacional de Antropología.

La ciudad de México se encuentra ubicada en un valle que fue alguna vez el masivo Lago Texcoco, al lado del cual la capital Azteca de Tenochtitlan había sido fundada en 1325. En ella vivían entre 200.000 y 350.000 personas, convirtiéndola en la ciudad más grande de toda América en aquellos tiempos. La distribución de Tenochtitlan y su belleza maravillaron a los españoles cuando llegaron a esta zona por primera vez. Sin embargo, luego de que la ciudad fuera conquistada en 1521, los españoles drenaron el agua del Lago Texoco y comenzaron a construir lo que es hoy en día la Ciudad de México.

Hace unos días habíamos ido a visitar las ruinas del Templo Mayor en el Zocalo, la plaza principal de la ciudad. Éste era el templo más importante para los Aztecas. De acuerdo a su religión, el dios Huitzilopochtli se apareció en este mismo lugar en la forma  de un águila sobre un cactus con una serpiente en la boca. Hoy en día podemos ver este símbolo en la bandera mexicana.

Foto tomada por Udi en el Templo Mayor. La serpiente sagrada adorna el frente de las escaleras principales.

Las excavaciones en el área del Templo Mayor comenzaron a fines del 1700 y continúan aún hoy en día. Todavía una gran porción del templo debe ser excavada. En realidad, las excavaciones habían sido interrumpidas al menos por un siglo hasta que en 1978 obreros excavando para la construcción del Metro accidentalmente descubrieron el monolito de Coyolxauhqui, la diosa Azteca de la luna. A partir de entonces se retomaron las excavaciones. El área entera es un cementerio de personas y objetos y en consecuencia, tiene una gran importancia cultural y espiritual.

La diosa de la Luna. Foto tomada por Udi en el Museo del Templo Mayor, dentro del predio del Templo.

El Templo Mayor, o la parte que se puede visitar del mismo, se encuentra ubicado al lado de una enorme iglesia española (a tan solo 200 metros), declarando, de una forma un tanto agresiva, su importancia espiritual por sobre el templo Azteca.

Foto tomada por Udi del predio del Templo Mayor.

Foto tomada por udi del predio del Templo Mayor. Es posible ver la Catedral de la Ciudad de México detrás.

En esta parte del predio había cientos de turistas y locales observando e interactuando con 3 grupos de bailarines y curanderos Aztecas. También había policías muy armados, y abundantes vendedores de comida, ropa y souvenirs. Un colorido mural con simbolismos Aztecas decoraba la larga pared entre el Templo Mayor y la Catedral de la Ciudad.

Foto tomada por Udi del espacio (y la pared) entre el Templo Mayor y la Catedral

Los bailarines Aztecas usaban diferentes ornamentos de plumas en sus cabezas, y tobilleras hechas de caracoles que sonaban suavemente, hipnotizándonos, cada vez que se movían. Había largas filas de personas esperando ser purificadas por los curanderos que utilizaban humo y ramas, murmuraban canciones y cubrían cada cuerpo con humo y un suave toque de las ramas.

Foto tomada por Udi de los bailarines Aztecas frente Ciudad de México

Foto tomada por Kelly (¡de uno de los videos que filmamos!) de los bailarines Aztecas, entre el Templo Mayor y la Catedral.

Foto tomada por Udi de los curanderos Aztecas en frente del Templo Mayor.

Al ver todo esto, recuerdos de cuando aprendía sobre los Aztecas en la escuela primaria vinieron a mi mente inevitablemente. La práctica de los sacrificios humanos era lo que recordaba más, horrible y grotesca, en especial para una niña. Los debates acerca de la frecuencia con la que se hacían los sacrificios, su sentido, su justificación, son continúan hoy en día. Brevemente podría decirse que se realizaban para agradar al Dios del Sol, que, de acuerdo a la cosmovisión Azteca (la mirada y la forma de ser en el universo), era quien permitía que la vida continuara en la Tierra. Estos murales debajo fueron pintados por Diego Rivera representando la opresión de cada gran religión en la historia mexicana. Pueden apreciarse en el Museo de Arte moderno de la Ciudad de México.

En el predio del Templo Mayor es posible apreciar la yuxtaposición de períodos de tiempo, historias, narrativas, prácticas religiosas y espirituales. Similar a la compleja y violenta historia mexicana, la historia de la destrucción del Imperio Azteca es igualmente compleja y violenta, con una gran variedad de historias y puntos de vista. La diferencia entre el relato español y el relato Azteca de la masacre que tuvo lugar en este sitio en particular en 1520 es un ejemplo claro. Si bien la versión española no niega el asesinato de muchos Aztecas, lo presenta como una consecuencia lógica de ese momento histórico. En cambio, el relato Azteca es mucho más descriptivo y gráfico el contar la extrema violencia que su pueblo sufrió en manos de los españoles. El hecho de que la iglesia católica fuera construida directamente sobre las ruinas del templo Mayor es un símbolo típico de la conquista cristiana. La misma práctica puede encontrarse en diferentes lugares del Reino Unido, en los que muchas iglesias eran construidas sobre antiguos lugares de adoración pagana.

El aire en la Ciudad de México está lleno de smog. Con tantas personas utilizando algún tipo de transporte con motor y la gran cantidad de fábricas que se han instalado en diferentes lugares de la ciudad, no es sorprendente que el smog quede atrapado en el valle de la ciudad. Luego de estar en el ómnibus por aproximadamente una hora, comenzamos a notar que el cielo se vuelve más azul, las nubes más blancas y notamos en particular una montaña con su pico cubierto de nieve y del que sale un humo gris. Esta montaña se llama Popcatepeti, o, cariñosamente, Popo. Es la segunda montaña más alta en México: mide 5426 metros. Los terremotos son muy comunes en México y en particular en algunas regiones de la ciudad, en Cuernavaca y en Oaxaca. Ya hemos sentido algunos, llegando el más fuerte a medir 5.0 en la escala de richter. Algunas personas nos han dicho que si no hay un terremoto al menos una vez en la semana quiere decir que uno mucho más grande se aproxima. Ha comenzado la película en las 6 pequeñas televisiones del autobús. Es X-men: Primera Generación 2, doblada al español.

A través de las ventanillas del autobús veo campos y más campos de heno, con esas pilas cónicas tan características. Hay algunos campos de maíz aquí y allá, pero muchos menos que los que esperábamos. Udi se queda dormido mientras yo leo un poco.

Luego de dos horas y media el camino se vuelve más tortuoso y aparecen subidas empinadas y cañones, cubiertos por  cactus de dos metros de altura. Conforman una especie de bosque, un bosque completamente diferente de todos los bosques que alguna vez vi. Tratamos de capturar este extraño bosque en nuestra filmación, pero es difícil con todas las vueltas que tiene el camino.

Foto tomada por Udi de los cactus que observábamos desde la ventanilla del autobús, entre la Ciudad de México y Oaxaca.

Foto tomada por Udi de los cactus y montañas entre la Ciudad de México y Oaxaca

Las pantallas del autobús se encienden de nuevo mostrándonos a Britney Spears subirse a un escenario con miles de fans gritando. El video de Britney continúa por al menos una hora y mientras el sol comienza a ponerse y el camino se vuelve aún más tortuoso entre las sierras repletas de cactus, me resulta cada vez más difícil no mirarla. Decir que la escena es surreal sería tan sólo un eufemismo. Udi y yo comenzamos a charlar sobre lo que sabemos de Oaxaca, sobre su geografía y su política, temas que contrastan tanto con el video de Britney, que cada vez menea más, suda más y se quita más ropa, al ritmo de la música.

Oaxaca es el tercer estado mexicano (después de Chiapas y Veracruz) con mayor biodiversidad. Y esta diversidad no se encuentra solamente presente en sus plantas y animales, sino que también es el estado mexicano con mayor diversidad cultural. Viven allí 16 comunidades indígenas oficialmente reconocidas y en la zona se hablan 17 idiomas y 37 dialectos diferentes. Estos diferentes grupos indígenas han logrado sobrevivir e incluso crecer en un ambiente plagado de constantes olas de opresión y colonialismo a través de constantes luchas (muchas de las cuales serán desarrolladas en las publicaciones siguientes). Se estima que durante los primeros 100 años de colonización española, casi el 90% de los indígenas que vivían en lo que hoy en día son tierras mexicanas, fueron asesinados o murieron a causa de enfermedades.  Se dice que para el momento de la independencia Mexicana, dos tercios de la población eran indígenas. Hoy en día son solo el 10% de la población (aunque esto es relativo ya que muchas personas no se identifican como indígenas para evitar la discriminación que usualmente acarrea el término) y hablan al menos 55 idiomas diferentes. El hecho de que en el estado de Oaxaca se hablen tantos de estos idiomas puede ser atribuido a su difícil geografía que lo aisló e impidió que los españoles lo conquistaran completamente.

Foto tomada por Udi de un mapa que muestra los distintos grupos étnicos y lingüísticos de Oaxaca, Museo Nacional de Antropología.

Actualmente Oaxaca es el Segundo estado más pobre de todo México, con más de la mitad de su población viviendo en la pobreza extrema, ganando menos que el salario mínimo mexicano que es de U$4.50 por día. La mayoría de estos pobres son indígenas. Además del legado opresivo dejado por el colonialismo, a partir del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN, o más conocido como NAFTA por su sigla en inglés), las grandes corporaciones se han apropiado de las tierras ricas en recursos naturales y las han explotado para su propio beneficio, dejando de lado a los indígenas que vivían allí. Algo de lo que no me había percatado nunca es que la mayoría de los mexicanos que emigran a Estados Unidos son indígenas de Oaxaca que han perdido sus tierras en manos de corporaciones y que  buscan algún tipo de fuente estable de trabajo y libertad de la opresión que sufren a diario. Sin embargo, una vez que llegan a Estados Unidos, estos migrantes se encuentran con un tipo diferente de opresión: su estatus de extranjeros ilegales, tema que está siendo ampliamente discutido en las arenas civiles y políticas de E.E.U.U.

En realidad, mi primer acercamiento a la historia de Oaxaca sucedió en 2009, cuando en la Solidarity Economic Conference (Conferencia de Economía Solidaria) de Hampshire, Massachusetts, me encontré con un libro llamado Teaching Rebellion:  Stories from the Grassroots Mobilization in Oaxaca (Enseñando la revolución: historias de las movilizaciones en Oaxaca), escrito en 2007, justo después de los levantamientos. A través del libro se pueden apreciar las diferentes voces que participaron del levantamiento: maestros, músicos, alumnos, ancianos, líderes religiosos, activistas de comunidades indígenas, periodistas de radio, líderes sindicales, etc. Esta diversidad de voces es una excelente introducción para comenzar a comprender la profundamente compleja historia política del estado de Oaxaca.

Foto de la tapa del libro ‘Teaching Rebellion: Stories from the Grassroots Mobilization in Oaxaca’ (Enseniando la Revolución: Historias de las Mobilizaciones de base en Oaxaca)(2007) de Diana Durham y C. A. S. A. Collective

El levantamiento comenzó en mayo de 2006 cuando alrededor de 20.000 docentes decidieron llevar a cabo una huelga (por el vigésimo quinto año consecutivo), ocupando Zocalo (el centro de la ciudad), pidiendo un aumento de sus sueldos, recursos para realizar reparaciones de infraestructura, y libros escolares y servicio social gratuitos. El 14 de junio, 3 semanas después, 3000 policías fueron enviados para disolver la ocupación utilizando gases lacrimógenos, garrotes, armas de fuego y helicópteros. La violencia era una respuesta común del gobierno, con el propósito de silenciar los movimientos sociales. Sin embargo, esta vez el pueblo se resistió. Se formó la Asamblea Popular del Pueblo de Oaxaca (APPO) que exigía la renuncia de gobernador Ulises Ruiz, quien se creía que había llegado a su puesto de forma ilegal. APPO organizó marchas de más de 800.000 personas en Oaxaca y más de 50 manzanas fueron ocupadas. Comenzaron entonces olas de violencia, en las cuales 20 personas fueron asesinadas y cientos torturadas, encarceladas y declaradas desaparecidas. Los oaxaqueños ocuparon pacíficamente algunos edificios de la ciudad y establecieron barricadas, llevaron a cabo pintadas (ver el post de Udi sobre Arte y política para más información al respecto) y muchos docentes llevaron a cabo huelgas de hambre. El levantamiento culminó con un encuentro particularmente violento entre el APPO y los ocupantes oaxaqueños y la policía a fines de noviembre de 2006, 6 meses después de la huelga de docentes original.

Foto en http://www.indybay.org/newsitems/2006/11/19/18331008.php de Barucha Calamity Peller, tomada el 19 de noviembre de 2006

El autobús finalmente atraviesa los límites de la ciudad de Oaxaca. Tanto Udi como yo sentimos una excitación anticipada por todo lo que estamos por aprender en las próximas semanas.

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Knowing Blackfoot Sacred Places – through Visiting

Knowing Blackfoot Sacred Places  – through Visiting

Posted by on nov 15, 2012 in all posts, Canada, Red Crow Community College | 0 comments

I think it is probably safe to say that most of us, if not all of us, have visited sacred, spiritual or religious sites of some sort or another – either as part of our own belief system or that of others.  Our reasoning for visiting sacred places varies as does our interest and openness to how we connect with them and how these connections might or might not affect our lives.

For students, teachers, Elders and community members involved either directly or indirectly in the Kainai Studies program at Red Crow, learning and engaging with sacred places is about reconnection, reclamation and repatriation.  What we learned through reading literature by Cynthia and Narcisse (and also Betty Bastien), and also through different conversations with each of them and Ramona, Ryan, Adrienne, Alvine and Duane was that learning about sacred places was not just learning about them, but rather to learn from them.  To learn from a place mean that participants within the program needed to not just tour them, but rather to visit them (Cynthia and Narcisse write beautifully about this process in their article, ‘Love thy Neighbor:  Repatriating Precarious Blackfoot Sites’ which we will be adding to the links/resources section of this blog).  But what then does it mean to visit?  And how, can we as learners from the outside also learn about the significance of visiting sacred sites, especially as a core component of the Kainai Studies program?

Map of traditional Blackfoot territory – borrowed from Chambers and Narcisse (2008) – original map from Glenbow Museum website, “Niitsitapiisini: Our Way of Life” http://www.glenbow.org/blackfoot/teacher_toolkit/english/culture/territory.html (Accessed November 2012)

The original Blackfoot territory, or Nitáówahsinnoon covered most of Alberta and Montana and parts of Saskatchewan.  Within Nitáówahsinnoon the Blackfoot developed intimate knowledge and close relationships with all dimensions of the environment.  These relationships were renewed through ceremonies and ritual as well as reciprocal practices of visiting and providing nourishment (see Cynthia and Narcisse’s article and Ryan Heavy Head’s writing for much more detailed information). Ceremonies took place at different times, at sacred sites for different purposes for thousands of years and were nearly erased due to the heavy layers of oppressive actions felt by the Blackfoot peoples over the last 150 years. Because of the power of stories and secretive practice of ceremonies, knowledge surrounding sacred places endured.  Yet, currently, much of this knowledge is fragmented and weak (as some has been lost as a result of the Indian Act and residential schooling, amongst other reasons) and is currently being re-built through efforts such as the Kainai Studies program.

The landscape of Nitáówahsinnoon is itself storied as Cynthia and Narcisse explain.  Each sacred place has a story about its emergence and many sacred places have stories that were written on them through pictographs or petroglyphs.  For Siksikáítapiiksi, these places are not simply piles of rocks, cliffs, or glacial erratics; they are places imbued with meaning and history. These places are the equivalent of books, encyclopedias, libraries, archives, crypts, monuments, historical markers and grottos; they are destinations for pilgrims; places of sacrifice, revelation and apparition; and sources of knowledge and wisdom. For Siksikáítapiiksi, these places are repositories for the knowledge left by the ancestors.

Prior to the onslaught of colonialism and settlers, there were thousands of sacred places throughout the Blackfoot territory.  The majority of these places have been demolished, precisely because they are seldom seen as anything but rocks, stones or cliffs.  While we were staying in Fort MacLeod there was front page news that the Glenwood ‘glacial erratic’ (this is the term used by the Canadian government for giant seemingly out-of-place glacial stones) was desecrated – petroglyphs on top of the stone were literally drilled apart and acid was poured on pictographs to distort and erase the fading colors barely present.  The stone is so large that to carry out this type of desecration, more than one person would have needed ladders, lights and heavy equipment.  The destruction was discovered by a Blackfoot historian who had just received approval from the community to begin archaeological investigation into the petroglyphs and pictographs at the place.  Worst of all, the site was not listed in the Alberta historical places and has only become more widely known because of the violence induced at the site.  News of the desecration of the Glenwood place was felt strongly by the people we met and by both of us. We had been there for just over a week, but had already begun to learn with the landscape, visiting several sacred places amidst reading and conversing about them.  In addition to the desecration of Glenwood, many other sacred places are in danger of being destroyed due to the constant pressure of oil and gas drilling.

Our first visit as mentioned in the Land, Buffalo and Blackfoot post, was to the Head-Smashed-In Buffalo Jump Museum.  Although this site is indeed a sacred place to the Blackfoot, it is now acknowledged more widely (well beyond the Blackfoot people) as a place to learn from and about the incredible history of the Blackfoot people, including the profound relationship the Blackfoot had with the buffalo and the tragic decimation of the buffalo, due almost entirely to the lack of reverence and respect of European settlers.

Our second visit was to Crowsnest Mountain and Crowsnest Pass, about one hour directly west of Fort MacLeod, within the Rocky Mountain range.  The drive to Crowsnest was itself stunning as we had not seen the Rocky Mountains since our drive through Glacier National Park.  We were unable to locate the precise place of Crowsnest Pass, but we did locate a sign that identified the region as a place of heritage importance for Canadians, with a brief mention of ‘Indian’ usage of the place as well.  This historical positioning of the Blackfoot as ‘hearsay’ or ‘pre-historic’ is common discourse, relegating the history of the Blackfoot as something before White man history began.

Photo taken by Kelly – Sign describing Crowsnest Pass by the Province of British Columbia

We did drive up a road about 10 miles to be closer to Crowsnest Mountain.  Similar to Chief Mountain which is 50 miles south, Crowsnest stands out strikingly in isolation from the other mountains.  We stopped the car next to a natural gas pipeline tank with warning signs of ‘extreme danger’ on the fence surrounding it.  This picture demonstrates the prominence of the mountain and the ever-encroaching development that endangers the longevity of all sacred places.

Photo taken by Udi – view of Crowsnest Mountain from natural gas well pipeline

Our third visit was to Writing-On-Stone Provincial Park, an archaeological and natural preserve near the Milk River, just above the United States border.  We had dinner with Cynthia and Ramona the night before we visited Writing-On-Stone at a popular restaurant in Fort MacLeod, called Jonny’s.  They both urged us to visit Writing-On-Stone.  The next day, after a 2.5 hour drive, we arrived just in time for a 3-hour guided tour from a younger Blackfoot woman.

Photo taken by Udi – Hoo Doo Table from within the Writing-On-Stone coulee area

Writing-On-Stone is a wondrous landscape within prairie.  There are marvelous hoo-doos that have been eroded from the sandstone and writings and pictures carved continuously for the past 4,000 years.  Ancient petroglyphs are still noticeable in many areas, although newer, graffiti is also present.  The forms of petroglyphs and pictographs being the Blackfoots form of literacy is still being debated.

Photo taken by Udi – Petroglyphs inside Writing-On-Stone

Our guide told many stories represented through the different petroglyphs and was also very open about her own life and Blackfoot learning.  The three hours passed by very quickly.  The storied landscape spoke deeply to us, we were absorbed in the colors, the formations and the stories told.

Photo taken by Kelly – Writing-On-Stone landscape – Milk River, sandstone hoo-doos and prairie

Woven through these moments of different visits to places and to meals with different people (such as Cynthia, Ramona and Erika), I was reading various articles and books.  Two days after our visit to Writing-On-Stone, I had just read through Cynthia and Narcisse’s article for the first time and I was completely taken by the style of the writing and the stories conveyed within.  In particular, I was very moved by the section discussion ‘visiting as repatriation’ and felt a strong desire to better understand visiting as a process rather than a single event.  In the article, Cynthia and Narcisse mention Carolla Calf Robe and her annual visits to Sundial Butte to make offerings and ask for blessings for her family.  After an accident when Carolla was confined to a wheelchair, she was carried up to the top of Sundial in a wheelchair.  She was resigned to the fact that she might never visit the site again.  This resignation and effort to make that visit helped her to find a renewed strength and continue living in a new way.  This story spoke to me of the importance of these places being about renewal and connection.

With our afternoon suddenly free, Udi and I both agreed that finding and learning from Sun Dial Butte (or Sun Dial Medicine Wheel as it is most commonly called) was a great idea.  Locating Sun Dial is no simple task.  There are gravel roads criss-crossing the plains, which at this point are mostly farm lands.  We stopped to ask for directions and were given a simple list of where to go.  I also had written out directions from the Internet.  These did not match… we were better informed by a rancher along the way who directed us perfectly.

Photo taken by Kelly – Sign depicting Sundial Medicine Wheel just below the site

Udi and I stayed on top of Sun Dial for more than 2 hours, sitting, meditating, walking around, slowly, intentionally.  We were there on our own.  The sun was warm, a gentle breeze blowing strongly and then softly.  We agreed that there was a profoundly strong, yet gentle strength.  The experience of being there is difficult to articulate.

Photo taken by Udi – Top of Sun Dial Butte

After we returned to the Fort Motel in Fort MacLeod, I spent an hour or so trying to write about the time spent there.  This is some of what I wrote ——

… those moments under the sun’s rays at Sun Dial, I felt a sense of completion. It was a gentle peacefulness, but strong like the beating of my heart.  This peace was something about … being … connected — to time – all those beings past and present who had been here at this place called Sun Dial, all those who were there.  I felt that all-is-well – regardless of… it just is.  Pain and suffering drift into the wind, the voices of ancestors whispering and beckoning within the stones. I felt as if I was somehow a deeper sense of myself – a self inseparable.  This is the moment I really began to develop a deeper understanding about what ‘indigenous knowledge’ is.  I felt a sense of power – not a power to control or master, nor a power to be heard and seen – but rather, a power to be a part of… love or fear, it did not matter.  I look around and see how so much is based on fear and power – a need to be in control and to manipulate.  Sun Dial is the opposite of this.  Thousands of years have witnessed beings gathering here at this site – to connect to one’s inner-outer being – to connect to stories of the ages that are told as if they happened yesterday.  Thousands of years. Power has been manifested here through the mode of giving – of self to self, of self to land and of self to other selves through transfers of stories, song and ceremony, through offerings and gestures. We left four sage cuttings amidst the stones, resting them gently symbolising the importance of the number four, as Ramona taught us.  Through such a profoundly simple gesture of gratitude and appreciation, I felt, I learned something of the Blackfoot way of knowing – I felt that I began to connect deeply to the past – all pasts, presents and to future connections.  It made me curious, more curious than I have been in a very long time.  But, mostly it made me feel alive.

Photo taken by Kelly – Prairie views from Sun Dial Butte

This visit to Sun Dial and the other visits to Head-Smashed-In, Writing-On-Stone and Crowsnest Pass and Crowsnest Mountain provided deep learning experiences for us.  Yet, these experiences were the tip of the iceberg of what we could learn through a much longer stay and much deeper engagement.  However, making ourselves open to being present within these places helped us to feel their sacredness, beyond a more rational way of knowing.

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