Posted by on dic 14, 2012 in all posts, Mexico, Universidad de la Tierra | 0 comments

Cartel de Unitierra. Foto tomada por Udi

Llegamos a la Universidad de la Tierra, más conocida como Unitierra, hace un par de horas. Es nuestra primera visita. Caminamos tan sólo 10 minutos desde donde nos estamos alojando hasta aquí. Esperamos más o menos 30 minutos hasta que Gustavo Esteva llegó, para tener nuestra primera conversación cara a cara con él. Durante estos 30 minutos exploramos los libros y posters que estaban en el hall de entada y hablamos con uno de los “alumnos” que estaba allí.

En cuanto uno entra al edificio de Unitierra se encuentra con una mesa con camisetas que dicen “Todo para Todos” y con una variedad de libros en venta, en su mayoría en español, que tratan sobre diferentes temas relacionados a los principios y prácticas de Unitierra. Pude notar un libro que había sido publicado en inglés y comencé a preguntarme acerca de la conexión entre Unitierra (en especial Gustavo) y los Zapatistas: Beyond Resistance: Everything (An interview with Subcomandante Marcos). (Más allá de la Resistencia: Todo. Una entrevista con el Subcomandante Marcos)

Entrada de Unitierra. Foto tomada por Udi.

Había también, colgado de la pared,  un hermoso banner tejido a mano con el logo de Unitierra. Noté un retrato del famoso revolucionario Emiliano Zapato y un póster con una inscripción que decía: “Ya se mira el horizonte: otro México nace abajo y a la izquierda”.

Fuimos al cuarto de al lado y comenzamos a hablar con Edgardo, alias Edi, un alumno-colaborador (el término “estudiante” no se usa en Unitierra) que llegó a Unitierra después de descubrirla accidentalmente durante su curso de sociología en la Universidad de Oaxaca, para el cual tenía que “salir y hacer algún trabajo comunitario”. Su “trabajo comunitario” se convirtió en algo mucho más recíproco: en vez de ofrecer algún tipo de servicio o ayuda para Unitierra, comenzó a aprender de la institución y de las personas que la conforman.

En este cuarto también había algunos títulos de libros que inmediatamente

me llamaron la atención: Mexico Profundo: Reclaiming a Civilization; Oaxaca Rebellion; The ABCs of dry compostable toilets; Women Writing Resistance; The complete works of Ivan Illich. Justo hace unos pocos días me había encontrado por primera vez con el término “México profundo” en un maravilloso libro llamado The New World of Indigenous Resistance (El Nuevo Mundo de la Resistencia Indígena), en una librería inglesa en el centro de Oaxaca. Me pregunto cómo todos estos libros (junto con cientos de otros) se relacionan con lo que Unitierra es como comunidad, con las personas con las que está conectado, con lo que ha hecho en el pasado y con lo que está haciendo hoy en día.

 

Desde los dos cuartos en los que hemos estado se puede ver una sala de reuniones grande, en la que entrarían 40 personas confortablemente. La sala parece acogedora, con muchas plantas, posters, y con las paredes pintadas en tonos cálidos. Hay árboles creciendo literalmente a través del techo en el fondo del cuarto. Se puede ver la luz del sol filtrándose por entre las cañas de bamboo del techo.

Sala de reuniones en Unitierra. Foto tomada por Kelly

Me siento muy feliz y entusiasmada de estar aquí en Oaxaca, en particular en el edificio de Unitierra. Tuve un sentimiento similar cuando visitamos por primera vez Shikshantar, en Udaipur, India y nos encontramos con Manish Jain, y también cuando visitamos Red Crow y conocimos a Narcisse Blood y Cynthia Chambers.  Antes de que visitáramos Red Crow, Shikshantar y ahora Unitierra, me había imaginado muchas veces cómo debían ser estos lugares. Había leído sobre ellos, mirado películas (las pocas que había logrado encontrar online). Había incorporado estos lugares a charlas, discusiones y usado imágenes de los mismos en mis clases en Bath. También había hablado sobre ellos en una conferencia internacional, todo el tiempo sintiendo una especie de incomodidad por no haber nunca sentido realmente estos lugares, por poder hablar sobre ellos sólo de una forma abstracta. Sin embargo, seguía hablando sobre ellos, con pasión por su importancia en el mundo. Las respuestas de mis alumnos u oyentes solían ser las mismas: una mezcla de entusiasmo con escepticismo. Muchas veces los alumnos se mostraron muy intrigados y hasta los escuché decir que los textos, imágenes y videos los habían inspirado. Los colegas de la Conferencia Internacional en la que había hablado estaban muy entusiasmados por aprender más, pero también muchos se referían a estos lugares con condescendencia, hablando de ellos como si fueran tan sólo “proyectos de alfabetización para adultos” o “cultos religiosos” (mi favorito). Yo respondía a todos estos comentarios diciendo: “Bueno, quizás deberíamos pararnos un momento y considerar críticamente: ¿qué es una universidad y quién la define?, ¿para qué y para quién debería servir la universidad hoy en día? ¿de qué otras formas podemos imaginarnos y crear una universidad o cualquier otra institución de educación superior?”

Volviendo a mi presencia aquí, ahora, en Unitierra, empiezo a considerar todas las cosas sobre las que me gustaría hablar con Gustavo y a imaginarme como será esta primera conversación con él. Las ideas de Gustavo me han estado inspirado desde hace mucho tiempo, desde hace una década, a través de sus textos y de su influencia sobre algunos de mis amigos. Desde el momento en que, gracias a Ana María Duque-Artistizabal, una estudiante de posgrado que tuve la suerte de conocer en el King’s College de Londres, entré al mundo de la “educación crítica” y del “post-desarrollo” que critica fuertemente las ideas y prácticas del progreso, la Modernidad y la educación formal, me encontré con el nombre “Gustavo Esteva”. La primera publicación suya que leí fue su capítulo “Development” (Desarrollo) en el Dictionary of Development (Diccionario de Desarrollo). Aquí deconstruye críticamente el término desarrollo y precisa y explica el momento histórico en el que la idea de desarrollo apareció por primera vez a través del discurso post Segunda Guerra Mundial de Truman, en el cual se refería a la la mayor parte del resto del mundo con el nombre “subdesarrollado”, y explicaba cómo estos países necesitaban ayuda, progreso y modernidad. 12 años después, aquí estoy, en una década diferente y en una etapa de mi vida totalmente diferente-aprendiendo, viajando, visitando- finalmente siendo capaz de  sumergirme en este lugar, en Unitierra. Lo que más me ha inspirado de Gustavo es su compromiso con la práctica, y el hecho de que vive su vida en total concordancia con sus valores y creencias.

Gustavo entra al cuarto donde estamos un poco más tarde que lo

que habíamos arreglado. Parece un poco nervioso. Todos pedimos disculpas: él por llegar tarde y nosotros por no querer estar en el medio molestándolo cuando seguramente él está tan ocupado. Nos muestra el camino hacia otro cuarto y nos sentamos todos alrededor de una gran mesa. Hay otra gran estantería con libros y una pared con fotos en blanco y negro

de lo que parecieran ser indígenas de Oaxaca.

Mi incapacidad para hablar en español (¡esperemos que no sea una incapacidad permanente!) y la fluidez con la que Gustavo habla el inglés, fueron determinantes a la hora de decidir que la entrevista fuera en inglés. Udi y yo pasamos un tiempo introduciéndonos (quiénes somos, qué hemos estado haciendo, por qué estamos aquí, qué es lo que queremos hacer en México). Udi toma la palabra y comienza a hablar más sobre nuestro viaje (¿), proyecto (¿), peregrinaje (¿). Yo intervengo y ambos tratamos de encontrar una palabra que sea apropiada para describir lo que estamos haciendo. Gustavo escucha atentamente, pacientemente. Pero tan pronto como comienza a hablar, se para y nos dice que lo sigamos hacia otra habitación (de nuevo llena de libros), y luego a través de una puerta que da al exterior.

Cuarto al lado del jardín sobre el techo. Foto tomada por Kelly

En cuanto salimos Gustavo nos señala, justo al lado de la puerta, un baño de paredes de bamboo que contiene un inodoro/retrete de compost, y luego, una bicicleta hecha a medida que sirve para bombear agua hacia un gran contenedor ubicado encima del techo del edificio.

Inodoro/retrete generador de compost, en el camino al jardín del techo en Unitierra. Foto tomada por Udi.

Bicicleta que bombea agua. Foto tomada por Kelly.

Subimos unas escaleras hacia un jardín urbano, en el techo del edificio. Hay plantas por todos lados: verduras, hierbas, árboles frutales, un pequeño invernadero y un cactus muy grande. Hacia la izquierda se pueden ver las copas de los árboles plantados en la sala de reunión del piso de abajo. Muchas de las plantas están plantadas en botellas de plástico de diferentes tamaños y en contenedores de madera.

Hacia el final de este maravilloso jardín urbano se puede ver un área techada pero abierta en la que hay una mesa con al menos 15 sillas. Hay pósters en una de las paredes, y en la pared opuesta hay otra mesa con contenedores de tierra, herramientas y plantas más pequeñas.

Unitierra surgió al final de los 90, como una respuesta creativa a un Congreso en 1997 durante el cual pueblos indígenas declararon, por primera vez públicamente, el impacto destructivo de la educación sobre sus comunidades. Gustavo se refiere a esta destrucción con el nombre de “culturicidio”, (que me hace acordar al concepto de Wade Davis de “etnocidio” por razones similares). Luego de esta declaración pública y con la influencia, las enseñanzas (y la amistad) de Iván Illich, a Gustavo se le ocurrió crear un contexto de aprendizaje, una universidad experimental, Unitierra, como una respuesta directa a estas críticas sobre la educación. Todo quien tuviera más de 18 años y pudiera leer y escribir fue invitado a unirse, y desde entonces las puertas han estado siempre abiertas para todo quien se sienta curioso de aprender con la comunidad de Unitierra.

Gustavo nos explica que el “campus” de Unitierra se ha convertido en nómade, como una red en expansión. Aunque este es  el edificio principal de la institución, no es más el centro de Unitierra. Hay un gran énfasis puesto en la creación y puesta en práctica de organizaciones con las comunidades (principalmente indígenas) fuera del centro de la ciudad de Oaxaca. Originariamente, todo el campus se encontraba en este sitio; todos aquellos que querían aprender venían aquí para quedarse, para organizar lo que querían aprender y cómo querían hacerlo. El proceso de aprendizaje dentro de las paredes de Unitierra incluía momentos de lectura (de textos que ellos mismos podían escoger), discusiones, pero también reflexiones sobre sus experiencias como aprendices hasta que se sintieran satisfechos con su aprendizaje. Algunos “aprendices” cambiaban su área de estudio luego de explorar aquello por lo que se sentían más interesados. La cuestión clave aquí, Gustavo nos explica, es que estaban haciendo aquello que amaban. Los ojos de Gustavo se iluminan cuando nos explica que el amor es lo más importante de todo. El amor como concepto es a propósito generalmente dejado de lado en  contextos académicos. Este ambiente de aprendizaje tan nutritivo no tiene exámenes formales, ni control de asistencia, ni listas de lectura. Tal como lo ve Unitierra, nutrir el aprendizaje es dejar ser libre y autónomo, en un contexto que sea hospitalario y nutritivo para todos aquellos involucrados. La forma de concebir y las prácticas de la autonomía, junto con las prácticas y conceptos de amistad y hospitalidad crean lo que es el corazón latiente de Unitierra, con todos sus seminarios, talleres y actividades, que resaltan la creatividad y el pensamiento crítico.

Imagen del video que filmamos durante nuestra entrevista con Gustavo Esteva.

Conseguir financiamiento ha sido un problema constante a lo largo de todos los años de Unitierra, especialmente en sus comienzos. La cuestión es que muchas de las personas que vienen a la ciudad de Oaxaca para aprender, discutir y crear, no son siquiera capaces de mantenerse económicamente. Por eso, no hay cuotas a pagar para aprender y para ser parte de la comunidad de Unitierra. Esto ha empujado a Unitierra a centrarse y a poner énfasis en las comunidades fuera de Oaxaca.

En este jardín urbano en el techo Unitierra se llevan a cabo talleres de agricultura  muy variados sobre prácticas relacionadas a los alimentos (cultivar, propagar y cocinar). Nosotros estaremos participando de uno sobre cómo injertar árboles. Unitierra también está trabajando con muchas comunidades fuera de la ciudad de Oaxaca en cuestiones relacionadas a la comida, al agua, a la higiene y a la construcción (arquitectura). Todos estos talleres enseñan cómo hacer, cultivar, formar, diseñar… en otras palabras cómo hacer cosas (prácticas). Las conversaciones teóricas ocurren rutinariamente una vez por semana (usualmente los miércoles) aunque hay generalmente otros seminarios en otros días. Además (y muy importante) siempre hay más discusiones que reflexionan críticamente sobre cómo estas teorías pueden ser puestas en práctica.

Algunas de las actividades que Unitierra está llevando a cabo. Foto tomada por Kelly.

Gustavo nos explica que la prioridad principal de Unitierra es resucitar conocimientos que han sido suprimidos a través de procesos colonialistas (culturicidio) y crear nuevas formas de conocimiento que se concentren en generar autonomía. (Escribiremos mucho más sobre esta autonomía en futuras publicaciones). Unitierra está conectado con expertos en conocimientos técnicos, pero esta pericia no se relaciona solamente con un conocimiento determinado, sino que también  con la capacidad de ser sólo dependientes de su comunidad y de ellos mismos. La comida es una forma fácil para conectarse y hay un conocimiento profundo sobre las comidas que las comunidades están compartiendo con Unitierra también. Por lo tanto, hay reciprocidad en el aprendizaje y en el intercambio.

Nuestra conversación inicial con Gustavo durante esta primera visita fue fragmentada, con interrupciones de otras reuniones y duró poco tiempo. Sin embargo, Gustavo nos mostró generosamente una gran variedad de eventos, actividades y seminarios que se llevarían a cabo durante los próximos diez días. El primero de ellos era más tarde ese mismo día: un seminario abierto para discutir el décimo-noveno aniversario del levantamiento Zapatista en Chiapas, el estado vecino a Oaxaca, llamado “¿Qué es el Zapatismo hoy en día?

Anuncio sobre el Seminario de Zapatismo en Unitierra. Foto tomada por Kelly.