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Llegando a la Universidad de la Tierra

Llegando a la Universidad de la Tierra

Posted by on dic 14, 2012 in all posts, Mexico, Universidad de la Tierra | 0 comments

Cartel de Unitierra. Foto tomada por Udi

Llegamos a la Universidad de la Tierra, más conocida como Unitierra, hace un par de horas. Es nuestra primera visita. Caminamos tan sólo 10 minutos desde donde nos estamos alojando hasta aquí. Esperamos más o menos 30 minutos hasta que Gustavo Esteva llegó, para tener nuestra primera conversación cara a cara con él. Durante estos 30 minutos exploramos los libros y posters que estaban en el hall de entada y hablamos con uno de los “alumnos” que estaba allí.

En cuanto uno entra al edificio de Unitierra se encuentra con una mesa con camisetas que dicen “Todo para Todos” y con una variedad de libros en venta, en su mayoría en español, que tratan sobre diferentes temas relacionados a los principios y prácticas de Unitierra. Pude notar un libro que había sido publicado en inglés y comencé a preguntarme acerca de la conexión entre Unitierra (en especial Gustavo) y los Zapatistas: Beyond Resistance: Everything (An interview with Subcomandante Marcos). (Más allá de la Resistencia: Todo. Una entrevista con el Subcomandante Marcos)

Entrada de Unitierra. Foto tomada por Udi.

Había también, colgado de la pared,  un hermoso banner tejido a mano con el logo de Unitierra. Noté un retrato del famoso revolucionario Emiliano Zapato y un póster con una inscripción que decía: “Ya se mira el horizonte: otro México nace abajo y a la izquierda”.

Fuimos al cuarto de al lado y comenzamos a hablar con Edgardo, alias Edi, un alumno-colaborador (el término “estudiante” no se usa en Unitierra) que llegó a Unitierra después de descubrirla accidentalmente durante su curso de sociología en la Universidad de Oaxaca, para el cual tenía que “salir y hacer algún trabajo comunitario”. Su “trabajo comunitario” se convirtió en algo mucho más recíproco: en vez de ofrecer algún tipo de servicio o ayuda para Unitierra, comenzó a aprender de la institución y de las personas que la conforman.

En este cuarto también había algunos títulos de libros que inmediatamente

me llamaron la atención: Mexico Profundo: Reclaiming a Civilization; Oaxaca Rebellion; The ABCs of dry compostable toilets; Women Writing Resistance; The complete works of Ivan Illich. Justo hace unos pocos días me había encontrado por primera vez con el término “México profundo” en un maravilloso libro llamado The New World of Indigenous Resistance (El Nuevo Mundo de la Resistencia Indígena), en una librería inglesa en el centro de Oaxaca. Me pregunto cómo todos estos libros (junto con cientos de otros) se relacionan con lo que Unitierra es como comunidad, con las personas con las que está conectado, con lo que ha hecho en el pasado y con lo que está haciendo hoy en día.

 

Desde los dos cuartos en los que hemos estado se puede ver una sala de reuniones grande, en la que entrarían 40 personas confortablemente. La sala parece acogedora, con muchas plantas, posters, y con las paredes pintadas en tonos cálidos. Hay árboles creciendo literalmente a través del techo en el fondo del cuarto. Se puede ver la luz del sol filtrándose por entre las cañas de bamboo del techo.

Sala de reuniones en Unitierra. Foto tomada por Kelly

Me siento muy feliz y entusiasmada de estar aquí en Oaxaca, en particular en el edificio de Unitierra. Tuve un sentimiento similar cuando visitamos por primera vez Shikshantar, en Udaipur, India y nos encontramos con Manish Jain, y también cuando visitamos Red Crow y conocimos a Narcisse Blood y Cynthia Chambers.  Antes de que visitáramos Red Crow, Shikshantar y ahora Unitierra, me había imaginado muchas veces cómo debían ser estos lugares. Había leído sobre ellos, mirado películas (las pocas que había logrado encontrar online). Había incorporado estos lugares a charlas, discusiones y usado imágenes de los mismos en mis clases en Bath. También había hablado sobre ellos en una conferencia internacional, todo el tiempo sintiendo una especie de incomodidad por no haber nunca sentido realmente estos lugares, por poder hablar sobre ellos sólo de una forma abstracta. Sin embargo, seguía hablando sobre ellos, con pasión por su importancia en el mundo. Las respuestas de mis alumnos u oyentes solían ser las mismas: una mezcla de entusiasmo con escepticismo. Muchas veces los alumnos se mostraron muy intrigados y hasta los escuché decir que los textos, imágenes y videos los habían inspirado. Los colegas de la Conferencia Internacional en la que había hablado estaban muy entusiasmados por aprender más, pero también muchos se referían a estos lugares con condescendencia, hablando de ellos como si fueran tan sólo “proyectos de alfabetización para adultos” o “cultos religiosos” (mi favorito). Yo respondía a todos estos comentarios diciendo: “Bueno, quizás deberíamos pararnos un momento y considerar críticamente: ¿qué es una universidad y quién la define?, ¿para qué y para quién debería servir la universidad hoy en día? ¿de qué otras formas podemos imaginarnos y crear una universidad o cualquier otra institución de educación superior?”

Volviendo a mi presencia aquí, ahora, en Unitierra, empiezo a considerar todas las cosas sobre las que me gustaría hablar con Gustavo y a imaginarme como será esta primera conversación con él. Las ideas de Gustavo me han estado inspirado desde hace mucho tiempo, desde hace una década, a través de sus textos y de su influencia sobre algunos de mis amigos. Desde el momento en que, gracias a Ana María Duque-Artistizabal, una estudiante de posgrado que tuve la suerte de conocer en el King’s College de Londres, entré al mundo de la “educación crítica” y del “post-desarrollo” que critica fuertemente las ideas y prácticas del progreso, la Modernidad y la educación formal, me encontré con el nombre “Gustavo Esteva”. La primera publicación suya que leí fue su capítulo “Development” (Desarrollo) en el Dictionary of Development (Diccionario de Desarrollo). Aquí deconstruye críticamente el término desarrollo y precisa y explica el momento histórico en el que la idea de desarrollo apareció por primera vez a través del discurso post Segunda Guerra Mundial de Truman, en el cual se refería a la la mayor parte del resto del mundo con el nombre “subdesarrollado”, y explicaba cómo estos países necesitaban ayuda, progreso y modernidad. 12 años después, aquí estoy, en una década diferente y en una etapa de mi vida totalmente diferente-aprendiendo, viajando, visitando- finalmente siendo capaz de  sumergirme en este lugar, en Unitierra. Lo que más me ha inspirado de Gustavo es su compromiso con la práctica, y el hecho de que vive su vida en total concordancia con sus valores y creencias.

Gustavo entra al cuarto donde estamos un poco más tarde que lo

que habíamos arreglado. Parece un poco nervioso. Todos pedimos disculpas: él por llegar tarde y nosotros por no querer estar en el medio molestándolo cuando seguramente él está tan ocupado. Nos muestra el camino hacia otro cuarto y nos sentamos todos alrededor de una gran mesa. Hay otra gran estantería con libros y una pared con fotos en blanco y negro

de lo que parecieran ser indígenas de Oaxaca.

Mi incapacidad para hablar en español (¡esperemos que no sea una incapacidad permanente!) y la fluidez con la que Gustavo habla el inglés, fueron determinantes a la hora de decidir que la entrevista fuera en inglés. Udi y yo pasamos un tiempo introduciéndonos (quiénes somos, qué hemos estado haciendo, por qué estamos aquí, qué es lo que queremos hacer en México). Udi toma la palabra y comienza a hablar más sobre nuestro viaje (¿), proyecto (¿), peregrinaje (¿). Yo intervengo y ambos tratamos de encontrar una palabra que sea apropiada para describir lo que estamos haciendo. Gustavo escucha atentamente, pacientemente. Pero tan pronto como comienza a hablar, se para y nos dice que lo sigamos hacia otra habitación (de nuevo llena de libros), y luego a través de una puerta que da al exterior.

Cuarto al lado del jardín sobre el techo. Foto tomada por Kelly

En cuanto salimos Gustavo nos señala, justo al lado de la puerta, un baño de paredes de bamboo que contiene un inodoro/retrete de compost, y luego, una bicicleta hecha a medida que sirve para bombear agua hacia un gran contenedor ubicado encima del techo del edificio.

Inodoro/retrete generador de compost, en el camino al jardín del techo en Unitierra. Foto tomada por Udi.

Bicicleta que bombea agua. Foto tomada por Kelly.

Subimos unas escaleras hacia un jardín urbano, en el techo del edificio. Hay plantas por todos lados: verduras, hierbas, árboles frutales, un pequeño invernadero y un cactus muy grande. Hacia la izquierda se pueden ver las copas de los árboles plantados en la sala de reunión del piso de abajo. Muchas de las plantas están plantadas en botellas de plástico de diferentes tamaños y en contenedores de madera.

Hacia el final de este maravilloso jardín urbano se puede ver un área techada pero abierta en la que hay una mesa con al menos 15 sillas. Hay pósters en una de las paredes, y en la pared opuesta hay otra mesa con contenedores de tierra, herramientas y plantas más pequeñas.

Unitierra surgió al final de los 90, como una respuesta creativa a un Congreso en 1997 durante el cual pueblos indígenas declararon, por primera vez públicamente, el impacto destructivo de la educación sobre sus comunidades. Gustavo se refiere a esta destrucción con el nombre de “culturicidio”, (que me hace acordar al concepto de Wade Davis de “etnocidio” por razones similares). Luego de esta declaración pública y con la influencia, las enseñanzas (y la amistad) de Iván Illich, a Gustavo se le ocurrió crear un contexto de aprendizaje, una universidad experimental, Unitierra, como una respuesta directa a estas críticas sobre la educación. Todo quien tuviera más de 18 años y pudiera leer y escribir fue invitado a unirse, y desde entonces las puertas han estado siempre abiertas para todo quien se sienta curioso de aprender con la comunidad de Unitierra.

Gustavo nos explica que el “campus” de Unitierra se ha convertido en nómade, como una red en expansión. Aunque este es  el edificio principal de la institución, no es más el centro de Unitierra. Hay un gran énfasis puesto en la creación y puesta en práctica de organizaciones con las comunidades (principalmente indígenas) fuera del centro de la ciudad de Oaxaca. Originariamente, todo el campus se encontraba en este sitio; todos aquellos que querían aprender venían aquí para quedarse, para organizar lo que querían aprender y cómo querían hacerlo. El proceso de aprendizaje dentro de las paredes de Unitierra incluía momentos de lectura (de textos que ellos mismos podían escoger), discusiones, pero también reflexiones sobre sus experiencias como aprendices hasta que se sintieran satisfechos con su aprendizaje. Algunos “aprendices” cambiaban su área de estudio luego de explorar aquello por lo que se sentían más interesados. La cuestión clave aquí, Gustavo nos explica, es que estaban haciendo aquello que amaban. Los ojos de Gustavo se iluminan cuando nos explica que el amor es lo más importante de todo. El amor como concepto es a propósito generalmente dejado de lado en  contextos académicos. Este ambiente de aprendizaje tan nutritivo no tiene exámenes formales, ni control de asistencia, ni listas de lectura. Tal como lo ve Unitierra, nutrir el aprendizaje es dejar ser libre y autónomo, en un contexto que sea hospitalario y nutritivo para todos aquellos involucrados. La forma de concebir y las prácticas de la autonomía, junto con las prácticas y conceptos de amistad y hospitalidad crean lo que es el corazón latiente de Unitierra, con todos sus seminarios, talleres y actividades, que resaltan la creatividad y el pensamiento crítico.

Imagen del video que filmamos durante nuestra entrevista con Gustavo Esteva.

Conseguir financiamiento ha sido un problema constante a lo largo de todos los años de Unitierra, especialmente en sus comienzos. La cuestión es que muchas de las personas que vienen a la ciudad de Oaxaca para aprender, discutir y crear, no son siquiera capaces de mantenerse económicamente. Por eso, no hay cuotas a pagar para aprender y para ser parte de la comunidad de Unitierra. Esto ha empujado a Unitierra a centrarse y a poner énfasis en las comunidades fuera de Oaxaca.

En este jardín urbano en el techo Unitierra se llevan a cabo talleres de agricultura  muy variados sobre prácticas relacionadas a los alimentos (cultivar, propagar y cocinar). Nosotros estaremos participando de uno sobre cómo injertar árboles. Unitierra también está trabajando con muchas comunidades fuera de la ciudad de Oaxaca en cuestiones relacionadas a la comida, al agua, a la higiene y a la construcción (arquitectura). Todos estos talleres enseñan cómo hacer, cultivar, formar, diseñar… en otras palabras cómo hacer cosas (prácticas). Las conversaciones teóricas ocurren rutinariamente una vez por semana (usualmente los miércoles) aunque hay generalmente otros seminarios en otros días. Además (y muy importante) siempre hay más discusiones que reflexionan críticamente sobre cómo estas teorías pueden ser puestas en práctica.

Algunas de las actividades que Unitierra está llevando a cabo. Foto tomada por Kelly.

Gustavo nos explica que la prioridad principal de Unitierra es resucitar conocimientos que han sido suprimidos a través de procesos colonialistas (culturicidio) y crear nuevas formas de conocimiento que se concentren en generar autonomía. (Escribiremos mucho más sobre esta autonomía en futuras publicaciones). Unitierra está conectado con expertos en conocimientos técnicos, pero esta pericia no se relaciona solamente con un conocimiento determinado, sino que también  con la capacidad de ser sólo dependientes de su comunidad y de ellos mismos. La comida es una forma fácil para conectarse y hay un conocimiento profundo sobre las comidas que las comunidades están compartiendo con Unitierra también. Por lo tanto, hay reciprocidad en el aprendizaje y en el intercambio.

Nuestra conversación inicial con Gustavo durante esta primera visita fue fragmentada, con interrupciones de otras reuniones y duró poco tiempo. Sin embargo, Gustavo nos mostró generosamente una gran variedad de eventos, actividades y seminarios que se llevarían a cabo durante los próximos diez días. El primero de ellos era más tarde ese mismo día: un seminario abierto para discutir el décimo-noveno aniversario del levantamiento Zapatista en Chiapas, el estado vecino a Oaxaca, llamado “¿Qué es el Zapatismo hoy en día?

Anuncio sobre el Seminario de Zapatismo en Unitierra. Foto tomada por Kelly.

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El arte de la rebelión, parte 1 – Oaxaca

El arte de la rebelión, parte 1 – Oaxaca

Posted by on dic 13, 2012 in all posts, Mexico, Universidad de la Tierra | 0 comments

Esténcil retratando la modificación genética del maíz, centro de Oaxaca. Foto tomada por Udi.

Esténcil retratando la modificación genética del maíz, centro de Oaxaca. Foto tomada por Udi.

Ya desde el primer día en que comenzamos a caminar alrededor de la ciudad, notamos que existía algo distintivamente rebelde e innovador en la cultura política del estado y ciudad de Oaxaca. Parecía haber una cierta energía presente, en el aire, en los posters políticos y en las pintadas en las paredes. Pero también, desde la supresión de la rebelión en 2007 (sobre la que Kelly escribió un poco en el post previo) el estado Mexicano ha establecido una constante y amenazante presencia policial: se pueden ver todos los días en las calles de la ciudad policías militares patrullando, con sus oficiales siempre vestidos de uniforme negro, chalecos antibalas y a veces usando máscaras de ski negras (pasamontañas), circulando alrededor de la ciudad en camionetas pick-up con ametralladoras listas.

Oaxaca Rebelde, camisetas, foto tomada por Udi.

Oaxaca Rebelde, camisetas, foto tomada por Udi.

La ciudad alberga una diversidad de experimentos en términos de vivienda, organización y creación, que se están llevando a cabo desde hace al menos 10 años. La identidad y las formas de organizarse, de aprender y de relacionarse con el otro y con la naturaleza indígenas son muy importantes en estos experimentos oaxaqueños para vivir y resistir. Las formas indígenas de conocer y conceptos y prácticas claves, tales como “comunalidad” e “interculturalidad” (sobre los cuales escribimos en otras publicaciones) se han vuelto muy importantes en esta cambiante cultura política, lentamente llegando a las escuelas y a las universidades de la región, empujadas por activistas indígenas e intelectuales.

Durante nuestro tiempo en Oaxaca nos encontramos con diferentes tipos de experimentos y experiencias sociales, políticas, artísticas y ecológicas, llevándose a cabo en diferentes lugares de la ciudad. Tuvimos la suerte de conocer y pasar un tiempo en uno de estos experimentos, que es tanto social como ecológico, artístico y político; que es creativo y crítico. Este “experimento” es la Universidad de la Tierra, o Unitierra, como es llamada generalmente.  Unitierra ha sido, desde sus comienzos en los 90, un referente importante en este proceso de fermentación de nuevas formas de vivir que se ha dado en y alrededor de la ciudad. En nuestros próximos posts escribiremos sobre las experiencias, encuentros y aprendizajes en Unitierra.

Lo que quiero describir aquí (en esta publicación) es el sentido más expresivo que tuvimos de esta cultura de la rebelión, tanto aquí en Oaxaca como en Chiapas, donde también pasamos un tiempo.

Mural de Zapata, Oaxaca,  foto tomada por Udi.

Mural de Zapata, Oaxaca, foto tomada por Udi.

Las paredes de Oaxaca están cubiertas de murales, grafitis, esténcils y pósters políticos. La ciudad también alberga muchos colectivos de artistas y espacios creativos que producen esta colección rica de imágenes. Kelly y yo sentimos como estas imágenes hablan sobre preocupaciones presentes, ideas claves y esperanzas de esta ambiente político: la apropiación de tierras y recursos por parte de corporaciones y la imposición del maíz genéticamente modificado; la continua opresión y violación de derechos por parte del Estado; la indigeneidad; las comunidades intentando vivir de una forma diferente, en equilibrio entre ellas y con la naturaleza.

Gemelas, grafiti, Oaxaca, Foto tomada por Udi.

Gemelas, grafiti, Oaxaca, Foto tomada por Udi.

Una mañana temprano caminamos alrededor del área céntrica y encontramos lo que se

oaxaca - gm corn wall stencilconvirtió en nuestro esténcil favorito, pintado sobre la pared de una pequeña calle, al

lado de un espacio de arte colectivo, a unos pocos minutos de la estación de autobús.

La simple pero a la vez elegante imagen muestra una mujer apuntando con un arma a un grupo de figuras vestidas con trajes de radiación o contaminación, que parecen estar plantando una nueva especie o robando el maíz que la mujer había plantado. Ella está usando un clásico pañuelo indígena en su cabeza, mientras que las otras figuras representan fuerzas externas aliadas a las corporaciones que están presionando al Estado y a los granjeros locales a adoptar maíz genéticamente modificado (hay una publicación del blog que trata específicamente este tema). Por lo tanto, esta imagen, aunque simple, muestra un problema que alcanza a muchos campesinos y comunidades indígenas en diferentes partes del país, y muestra un concepto de resistencia en la cual las relaciones normales de poder se encuentran invertidas.

Póster para un evento de un artista de grafitis, Oaxaca. Foto tomada por Udi

Póster para un evento de un artista de grafitis, Oaxaca. Foto tomada por Udi

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Este arte de los murales políticos comenzó a realizarse casi 100 años atrás en México. Data del período posterior a la revolución Mexicana de 1910 que derrocó al dictador Porfirio Díaz y fue creado e impulsado por campesinos, indígenas y personas que habían perdido sus tierras en manos del Estado. El antropólogo mexicano Guillermo Bonfi Batalla, quien acuñó el término “México profundo” para referirse a la cultura Meso-americana que continúa influenciando la cultura nacional mexicana, ha sido una figura muy influyente en los debates relacionados a las condiciones pasadas y presentes de las poblaciones indígenas que viven en México.

Siqueiros, 1958, Museo de Arte Moderno, Ciudad de México, foto tomada por Udi

Siqueiros, 1958, Museo de Arte Moderno, Ciudad de México, foto tomada por Udi

La noción de “México profundo” contrasta fuertemente con lo que Batalla llama “México imaginario”, o el México que ha tratado de imaginar su camino hacia una existencia dominante y ha fallado, a causa de la continua fuerza de las millones de personas que conforman el México Profundo.

Su nombre ha sido también recurrentemente mencionado en las conversaciones que tuvimos con varias personas en México. Batalla escribió lo siguiente sobre la prevalencia de dichos murales en el período post-revolucionario:

 “Cientos de metros cuadrados de murales adornan todo tipo de edificios públicos en las ciudades de la república. Hay murales en los edificios de gobierno y en las oficinas públicas, en mercados y hospitales, en escuelas y bibliotecas, en fábricas y en lugares de trabajo. En estos murales, la imagen del indio es prácticamente indispensable. Raramente falta alguna alegoría al mundo pre-colonial, que frecuentemente sienta las bases o preside sobre las escenas del mundo de hoy o de mañana.”  (traducción directa, no oficial del libro México profundo en inglés)

 Mural-Diego-Rivera- foto de Mirairi Erdoza - de: http://fr.fotopedia.com/items/anboto-2umoIxo9DBo

Mural-Diego-Rivera- foto de Mirairi Erdoza – de: http://fr.fotopedia.com/items/anboto-2umoIxo9DBo

En la primera mitad del siglo XX, la generación más internacionalmente famosa de artistas mexicanos (Frida Kahlo, Diego Rivera, Gabriel Orozco y Siqueiros) estaban también profundamente inmersos en la política de aquellos tiempos y en el período post-revolucionario centrado en la construcción de una identidad nacional. Los últimos tres estaban incluso involucrados en proyectos de murales a gran escala financiados por el Estado mexicano como parte de sus aspiraciones nacionalistas. Como afirma Batalla, esta búsqueda de identidad generalmente volvía hacia las raíces indígenas, utilizando aspectos de éstas que podían ser fácilmente apreciados:

 “la bucólica vida del campesino, artesanías populares y folklore. En la música, la danza, la literatura, y las artes plásticas, la temática del indio proveía los elementos básicos para dar forma a una vasta corriente nacionalista bajo el patronazgo del gobierno.” (Traducción directa, no oficial del libro México profundo en inglés)

 

Para Batalla, los museos también jugaban un rol clave en este proceso de exaltación de las raíces indígenas mexicanas, algo que se puede ver claramente en una de las atracciones más famosas de México: el Museo Nacional de Antropología en el Parque Chapultpec, en una zona adinerada de la ciudad. Pasamos muchas horas en el museo pero tan sólo logramos ver una pequeña fracción de él, abrumados por la enorme cantidad, diversidad y calidad de los objetos expuestos.

 Museo Nacional de Antropologia, Ciudad de México, foto tomada por Udi

Museo Nacional de Antropologia, Ciudad de México, foto tomada por Udi

El museo está dividido en las diferentes regiones geográficas mexicanas, cada una con sus grupos étnicos. Cada sección tiene dos pisos: el piso de abajo siempre expone los tesoros de “las civilizaciones pasadas”, mientras que el de arriba muestra la vida actual de estos grupos étnicos. Justo fuimos un domingo, día en que los museos son gratuitos para los mexicanos, por lo tanto, la gran cantidad de personas, en particular padres con sus hijos, hacía al lugar aún más abrumador. Muchos de los niños parecían estar haciendo algún tipo de tarea, yendo y viniendo de una habitación a otra, escribiendo en anotadores. Por el contrario, los cuartos del piso de arriba, los que muestran la vida cotidiana de los grupos étnicos hoy en día, estaban silenciosos y las exposiciones eran todo menos vivas o animadas. Este contraste entre el pasado exaltado como parte de la formación de la historia mexicana nacional y la falta de atención a las condiciones presentes de los pueblos indígenas es uno de los temas principales en el trabajo de Batalla:

 

“La presencia indígena, como se muestra en los murales, museos, esculturas y sitios arqueológicos, todos ellos abiertos al público, es tratada básicamente como un mundo muerto. Es un mundo único, extraordinario en muchos de sus logros, pero sigue siendo un mundo muerto. El discurso oficial, traducido en el lenguaje de las artes plásticas o de la museografía, exalta a ese mundo muerto como la semilla que dio origen al México de hoy. Es el pasado glorioso del que debemos sentirnos orgullosos, que nos asegura un gran destino histórico como nación, a pesar de que la lógica de esa afirmación no esté del todo clara. El indio vivo y todo lo que sea indio, es relegado al segundo piso, cuando no es ignorado o negado. Al igual que en el Museo Nacional de Antropología, el indio contemporáneo ocupa un espacio segregado, desconectado del pasado glorioso, así como del presente, que no le pertenece: un espacio prescindible. A través de una hábil alquimia ideológica, ese pasado se convirtió en nuestro pasado, una simple referencia a lo que existía como una especie de premonición de lo que México es hoy y lo será en el futuro. No tiene ninguna conexión real con nuestra realidad actual y nuestro futuro colectivo.” (Traducción directa, no oficial del libro México profundo en inglés)

 

Los objetos artísticos y las expresiones visuales que hemos visto en México en el inagotable Museo de Antropología, en los templos, el trabajo de los artistas del siglo XX como Kahlo, Rivero y Sequeiros, los murales y el arte callejero en Oaxaca y Chiapas, me hicieron reflexionar más sobre estas conexiones entre el arte, la política, y las construcciones de identidades. Nuestra breve pero profunda inmersión en el arte de la costa noroeste de Canadá nos enseñó mucho sobre los lenguajes y la gramática que hablan a través de las formas, la profunda relación con el lugar, las historias talladas convertidas en seres vivos sagrados para estas comunidades y la importancia en su rol para preservar prácticas culturales e identidades (ver la publicación sobre el Freda Diesing School).  ¿Cómo se relaciona lo que experimentamos sobre el arte mexicano con lo que experimentamos en Canadá? ¿Cuál es el lugar del que emerge este arte? ¿De qué lenguajes, formas e historias proviene? ¿Cómo preserva las prácticas culturales e imagina nuevos futuros e identidades?

Pintura votiva de la colección Frida Kalho, casa de Frida Kahlo, Ciudad de México, Foto tomada por Udi

Pintura votiva de la colección Frida Kalho, casa de Frida Kahlo, Ciudad de México, Foto tomada por Udi

Kahlo, Rivera, Siqueiros y muchos otros artistas de su generación estaban involucrados en el período de la post-revolución mexicana, de la elaboración de una nueva identidad nacional, como explicó Batalla. Como artistas estaban creando un nuevo imaginario para el país recurriendo a diversas tradiciones pictóricas locales y de vanguardia, como el surrealismo y la pintura votiva en el caso de Kahlo, o la pintura mural y el realismo social de Rivera. Estos fueron los artistas que también estaban profundamente involucrados en las luchas políticas e ideológicas de su época. Tanto Kahlo como Rivera estaban preocupados por las cuestiones de identidad nacional pero eran a la vez comunistas comprometidos.

Foto tomada por Udi del espacio (y la pared) entre el Templo Mayor y la Catedral, Ciudad de México

Foto tomada por Udi del espacio (y la pared) entre el Templo Mayor y la Catedral, Ciudad de México

Con estos pensamientos en mente, las imágenes que vimos en las paredes de Oaxaca y en los colectivos de arte de la ciudad comenzaron a tener más sentido. Estas imágenes también estaban conectadas al lugar, a historias y a prácticas culturales: la cultura de protesta, una iconografía de la rebelión y la lucha contra el Estado, el apoyo a la cultura indígena. Estos fueron intentos de elaboración de un nuevo imaginario de la solidaridad y de la lucha contra las diversas formas de opresión utilizando el lenguaje de los esténcils, los grafitis, los carteles políticos, etc. El maravilloso libro Teaching Rebellion (Enseñando la Rebelión), que es una recopilación de testimonios personales de aquellos presentes en la rebelión de los maestros en Oaxaca, dice también algo sobre esta expresión visual de la cultura política. En la introducción del editor describe cómo los artistas de grafitis jugaron un papel crucial desafiando los medios de comunicación dominados por el gobierno, apropiándose de otros espacios de comunicación: las paredes de la ciudad:

“Estos artistas utilizaron su creatividad e imaginación para representar visualmente los marginados, explotados y oprimidos, así como para promover una cultura anti-capitalista  en Oaxaca. El movimiento demostró su capacidad no sólo para organizar actos políticos, sino para crear manifestaciones artísticas y culturales, para recuperar una historia de Oaxaca que no estuviera  mediada por el brillo del turismo.” (Traducción directa, no oficial)

Esténcil: multinacionales, Oaxaca, foto tomada por Udi

Esténcil: multinacionales, Oaxaca, foto tomada por Udi

“El gran triunfo”, grafii, Oaxaca – foto tomada por Udi

En algunas de estas obras, el indio, que como nos cuenta Batalla había servido únicamente para representar un fósil de la gloria pasada y, como tal, un ingrediente inocuo contribuyendo a la identidad nacional, aparece como sujeto vivo, como alguien contestando o resistiendo la situación actual. Tal es la fuerza de la resistencia de la mujer indígena del México profundo que apunta con un arma a quienes quieren imponer el maíz genéticamente modificado, quienes quieren imponer una cosmovisión ajena.

Mujer indígena con escopeta, esténcil, Oaxaca, foto tomada por Udi

Mujer indígena con escopeta, esténcil, Oaxaca, foto tomada por Udi

Estos artistas callejeros mostraban también algo que luego llegamos a conocer más profundamente durante nuestra estadía en Oaxaca: la importancia de la autonomía frente a diversas instituciones estatales o empresariales de las que nos hemos hecho dependientes  entregándoles la organización, producción y control de nuestra educación, salud, alimentación,  comunicación e incluso saneamiento (más sobre esto en breve). En este caso, las paredes de la ciudad son un medio de recuperar los espacios para la comunicación y la expresión visual.

Colectivo de grabadores, Oaxaca, foto tomada por  Udi

Colectivo de grabadores, Oaxaca, foto tomada por Udi

Póster de la solidaridad zapatista en el estudio de un artista de grafitis, Oaxaca - foto tomada por Udi

Póster de la solidaridad zapatista en el estudio de un artista de grafitis, Oaxaca – foto tomada por Udi

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VIVA MÉXICO! VIVA OAXACA! RETAZOS DE SU GEOGRAFÍA, HISTORIA Y POLÍTICA

VIVA MÉXICO! VIVA OAXACA! RETAZOS DE SU GEOGRAFÍA, HISTORIA Y POLÍTICA

Posted by on dic 12, 2012 in all posts, Mexico, Universidad de la Tierra | 2 comments

Mapa del México Profundo. Foto tomada por Udi en el Museo Nacional de Antropología en Ciudad de México

Llegamos a una de las estaciones de autobús en la mega-Ciudad de México para comprar un pasaje a Oaxaca. Es el medio día y hemos decidido tomar un autobús que tarda 6 horas hasta Oaxaca para poder apreciar los diferentes paisajes. El sistema de autobuses aquí es impresionante.

Nuestro autobús a Oaxaca en la estación de buses de Ciudad de México. Foto tomada por Kelly

Las estaciones de autobús están muy limpias y es realmente placentero sentarse en sus salas de espera. Subimos al bus a la 1pm; por suerte nuestros asientos  son cómodos y espaciosos. Nos relajamos, esperando a que arranque, entusiasmados con el largo viaje que nos espera y la inminente llegada a la ciudad de Oaxaca.

Antes de tomar el autobús, ya habíamos pasado 5 días en México. Durante el primer par de días exploramos diferentes museos en la Ciudad de México: el Museo Frida Kahlo, el Museo Trotsky, el Museo de Antropología (ver la publicación de Udi “Política y Arte”). También pasamos tiempo con Carlos Flores y Rachel Sieder, la encantadora pareja con la que nos quedamos en un área fabulosa de la ciudad: Coyocán. Udi conoce a Carlos desde hace una década, desde el Goldsmith College, donde Udi estaba estudiando y Carlos enseñando. Carlos es un antropólogo visual y un documentalista de Guatemala que se ha focalizado en una amplia gama de cuestiones relacionadas a Guatemala pero también a otros lugares. Rachel es una especialista en Estudios Latinoamericanos y se ha centrado sus estudios cuestiones legales y de Derechos Humanos. Actualmente, Carlos y Rachel están trabajando en los sistemas judiciales indígenas en las Tierras Altas de Guatemala (la región más afectada por la guerra en los 80). Han escrito libros y realizado películas sobre cómo cuestiones particulares son resueltas en esta región Maya, y sobre cómo esto se relaciona con el Estado de Guatemala. Rachel también trabaja con temas de violencia doméstica; al ser mujer tiene más acceso a las mujeres de estas comunidades. Este enero pasarán de nuevo algún tiempo en las Tierras Altas para mostrar su película y recibir los comentarios de las personas de estas comunidades. Tanto Udi como yo pasamos un tiempo magnífico con ellos, conociendo una parte de la Ciudad de México, y aprendiendo mucho sobre las versiones indígenas de la historia de México y Guatemala.

Lleva casi una hora dejar atrás los límites de la Ciudad de México. Aunque es una de las ciudades más grandes del mundo, se siente más pequeña que lo que en realidad es. Al igual que Londres, la ciudad está conformada por otras ciudades más chicas. Hoy en día, la ciudad estrictamente cuenta con una población de 8 millones, aunque en el área metropolitana que la circunda viven entre 22 y 30 millones de personas. Esto la convierte en la más grande del mundo, título que conserva desde antes de los tiempos de los Conquistadores.

Dibujo Azteca de la capital de Tenochtitlan, como fue construida a orillas del Lago Texcoco. Foto tomada por Udi en el Museo Nacional de Antropología.

La ciudad de México se encuentra ubicada en un valle que fue alguna vez el masivo Lago Texcoco, al lado del cual la capital Azteca de Tenochtitlan había sido fundada en 1325. En ella vivían entre 200.000 y 350.000 personas, convirtiéndola en la ciudad más grande de toda América en aquellos tiempos. La distribución de Tenochtitlan y su belleza maravillaron a los españoles cuando llegaron a esta zona por primera vez. Sin embargo, luego de que la ciudad fuera conquistada en 1521, los españoles drenaron el agua del Lago Texoco y comenzaron a construir lo que es hoy en día la Ciudad de México.

Hace unos días habíamos ido a visitar las ruinas del Templo Mayor en el Zocalo, la plaza principal de la ciudad. Éste era el templo más importante para los Aztecas. De acuerdo a su religión, el dios Huitzilopochtli se apareció en este mismo lugar en la forma  de un águila sobre un cactus con una serpiente en la boca. Hoy en día podemos ver este símbolo en la bandera mexicana.

Foto tomada por Udi en el Templo Mayor. La serpiente sagrada adorna el frente de las escaleras principales.

Las excavaciones en el área del Templo Mayor comenzaron a fines del 1700 y continúan aún hoy en día. Todavía una gran porción del templo debe ser excavada. En realidad, las excavaciones habían sido interrumpidas al menos por un siglo hasta que en 1978 obreros excavando para la construcción del Metro accidentalmente descubrieron el monolito de Coyolxauhqui, la diosa Azteca de la luna. A partir de entonces se retomaron las excavaciones. El área entera es un cementerio de personas y objetos y en consecuencia, tiene una gran importancia cultural y espiritual.

La diosa de la Luna. Foto tomada por Udi en el Museo del Templo Mayor, dentro del predio del Templo.

El Templo Mayor, o la parte que se puede visitar del mismo, se encuentra ubicado al lado de una enorme iglesia española (a tan solo 200 metros), declarando, de una forma un tanto agresiva, su importancia espiritual por sobre el templo Azteca.

Foto tomada por Udi del predio del Templo Mayor.

Foto tomada por udi del predio del Templo Mayor. Es posible ver la Catedral de la Ciudad de México detrás.

En esta parte del predio había cientos de turistas y locales observando e interactuando con 3 grupos de bailarines y curanderos Aztecas. También había policías muy armados, y abundantes vendedores de comida, ropa y souvenirs. Un colorido mural con simbolismos Aztecas decoraba la larga pared entre el Templo Mayor y la Catedral de la Ciudad.

Foto tomada por Udi del espacio (y la pared) entre el Templo Mayor y la Catedral

Los bailarines Aztecas usaban diferentes ornamentos de plumas en sus cabezas, y tobilleras hechas de caracoles que sonaban suavemente, hipnotizándonos, cada vez que se movían. Había largas filas de personas esperando ser purificadas por los curanderos que utilizaban humo y ramas, murmuraban canciones y cubrían cada cuerpo con humo y un suave toque de las ramas.

Foto tomada por Udi de los bailarines Aztecas frente Ciudad de México

Foto tomada por Kelly (¡de uno de los videos que filmamos!) de los bailarines Aztecas, entre el Templo Mayor y la Catedral.

Foto tomada por Udi de los curanderos Aztecas en frente del Templo Mayor.

Al ver todo esto, recuerdos de cuando aprendía sobre los Aztecas en la escuela primaria vinieron a mi mente inevitablemente. La práctica de los sacrificios humanos era lo que recordaba más, horrible y grotesca, en especial para una niña. Los debates acerca de la frecuencia con la que se hacían los sacrificios, su sentido, su justificación, son continúan hoy en día. Brevemente podría decirse que se realizaban para agradar al Dios del Sol, que, de acuerdo a la cosmovisión Azteca (la mirada y la forma de ser en el universo), era quien permitía que la vida continuara en la Tierra. Estos murales debajo fueron pintados por Diego Rivera representando la opresión de cada gran religión en la historia mexicana. Pueden apreciarse en el Museo de Arte moderno de la Ciudad de México.

En el predio del Templo Mayor es posible apreciar la yuxtaposición de períodos de tiempo, historias, narrativas, prácticas religiosas y espirituales. Similar a la compleja y violenta historia mexicana, la historia de la destrucción del Imperio Azteca es igualmente compleja y violenta, con una gran variedad de historias y puntos de vista. La diferencia entre el relato español y el relato Azteca de la masacre que tuvo lugar en este sitio en particular en 1520 es un ejemplo claro. Si bien la versión española no niega el asesinato de muchos Aztecas, lo presenta como una consecuencia lógica de ese momento histórico. En cambio, el relato Azteca es mucho más descriptivo y gráfico el contar la extrema violencia que su pueblo sufrió en manos de los españoles. El hecho de que la iglesia católica fuera construida directamente sobre las ruinas del templo Mayor es un símbolo típico de la conquista cristiana. La misma práctica puede encontrarse en diferentes lugares del Reino Unido, en los que muchas iglesias eran construidas sobre antiguos lugares de adoración pagana.

El aire en la Ciudad de México está lleno de smog. Con tantas personas utilizando algún tipo de transporte con motor y la gran cantidad de fábricas que se han instalado en diferentes lugares de la ciudad, no es sorprendente que el smog quede atrapado en el valle de la ciudad. Luego de estar en el ómnibus por aproximadamente una hora, comenzamos a notar que el cielo se vuelve más azul, las nubes más blancas y notamos en particular una montaña con su pico cubierto de nieve y del que sale un humo gris. Esta montaña se llama Popcatepeti, o, cariñosamente, Popo. Es la segunda montaña más alta en México: mide 5426 metros. Los terremotos son muy comunes en México y en particular en algunas regiones de la ciudad, en Cuernavaca y en Oaxaca. Ya hemos sentido algunos, llegando el más fuerte a medir 5.0 en la escala de richter. Algunas personas nos han dicho que si no hay un terremoto al menos una vez en la semana quiere decir que uno mucho más grande se aproxima. Ha comenzado la película en las 6 pequeñas televisiones del autobús. Es X-men: Primera Generación 2, doblada al español.

A través de las ventanillas del autobús veo campos y más campos de heno, con esas pilas cónicas tan características. Hay algunos campos de maíz aquí y allá, pero muchos menos que los que esperábamos. Udi se queda dormido mientras yo leo un poco.

Luego de dos horas y media el camino se vuelve más tortuoso y aparecen subidas empinadas y cañones, cubiertos por  cactus de dos metros de altura. Conforman una especie de bosque, un bosque completamente diferente de todos los bosques que alguna vez vi. Tratamos de capturar este extraño bosque en nuestra filmación, pero es difícil con todas las vueltas que tiene el camino.

Foto tomada por Udi de los cactus que observábamos desde la ventanilla del autobús, entre la Ciudad de México y Oaxaca.

Foto tomada por Udi de los cactus y montañas entre la Ciudad de México y Oaxaca

Las pantallas del autobús se encienden de nuevo mostrándonos a Britney Spears subirse a un escenario con miles de fans gritando. El video de Britney continúa por al menos una hora y mientras el sol comienza a ponerse y el camino se vuelve aún más tortuoso entre las sierras repletas de cactus, me resulta cada vez más difícil no mirarla. Decir que la escena es surreal sería tan sólo un eufemismo. Udi y yo comenzamos a charlar sobre lo que sabemos de Oaxaca, sobre su geografía y su política, temas que contrastan tanto con el video de Britney, que cada vez menea más, suda más y se quita más ropa, al ritmo de la música.

Oaxaca es el tercer estado mexicano (después de Chiapas y Veracruz) con mayor biodiversidad. Y esta diversidad no se encuentra solamente presente en sus plantas y animales, sino que también es el estado mexicano con mayor diversidad cultural. Viven allí 16 comunidades indígenas oficialmente reconocidas y en la zona se hablan 17 idiomas y 37 dialectos diferentes. Estos diferentes grupos indígenas han logrado sobrevivir e incluso crecer en un ambiente plagado de constantes olas de opresión y colonialismo a través de constantes luchas (muchas de las cuales serán desarrolladas en las publicaciones siguientes). Se estima que durante los primeros 100 años de colonización española, casi el 90% de los indígenas que vivían en lo que hoy en día son tierras mexicanas, fueron asesinados o murieron a causa de enfermedades.  Se dice que para el momento de la independencia Mexicana, dos tercios de la población eran indígenas. Hoy en día son solo el 10% de la población (aunque esto es relativo ya que muchas personas no se identifican como indígenas para evitar la discriminación que usualmente acarrea el término) y hablan al menos 55 idiomas diferentes. El hecho de que en el estado de Oaxaca se hablen tantos de estos idiomas puede ser atribuido a su difícil geografía que lo aisló e impidió que los españoles lo conquistaran completamente.

Foto tomada por Udi de un mapa que muestra los distintos grupos étnicos y lingüísticos de Oaxaca, Museo Nacional de Antropología.

Actualmente Oaxaca es el Segundo estado más pobre de todo México, con más de la mitad de su población viviendo en la pobreza extrema, ganando menos que el salario mínimo mexicano que es de U$4.50 por día. La mayoría de estos pobres son indígenas. Además del legado opresivo dejado por el colonialismo, a partir del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN, o más conocido como NAFTA por su sigla en inglés), las grandes corporaciones se han apropiado de las tierras ricas en recursos naturales y las han explotado para su propio beneficio, dejando de lado a los indígenas que vivían allí. Algo de lo que no me había percatado nunca es que la mayoría de los mexicanos que emigran a Estados Unidos son indígenas de Oaxaca que han perdido sus tierras en manos de corporaciones y que  buscan algún tipo de fuente estable de trabajo y libertad de la opresión que sufren a diario. Sin embargo, una vez que llegan a Estados Unidos, estos migrantes se encuentran con un tipo diferente de opresión: su estatus de extranjeros ilegales, tema que está siendo ampliamente discutido en las arenas civiles y políticas de E.E.U.U.

En realidad, mi primer acercamiento a la historia de Oaxaca sucedió en 2009, cuando en la Solidarity Economic Conference (Conferencia de Economía Solidaria) de Hampshire, Massachusetts, me encontré con un libro llamado Teaching Rebellion:  Stories from the Grassroots Mobilization in Oaxaca (Enseñando la revolución: historias de las movilizaciones en Oaxaca), escrito en 2007, justo después de los levantamientos. A través del libro se pueden apreciar las diferentes voces que participaron del levantamiento: maestros, músicos, alumnos, ancianos, líderes religiosos, activistas de comunidades indígenas, periodistas de radio, líderes sindicales, etc. Esta diversidad de voces es una excelente introducción para comenzar a comprender la profundamente compleja historia política del estado de Oaxaca.

Foto de la tapa del libro ‘Teaching Rebellion: Stories from the Grassroots Mobilization in Oaxaca’ (Enseniando la Revolución: Historias de las Mobilizaciones de base en Oaxaca)(2007) de Diana Durham y C. A. S. A. Collective

El levantamiento comenzó en mayo de 2006 cuando alrededor de 20.000 docentes decidieron llevar a cabo una huelga (por el vigésimo quinto año consecutivo), ocupando Zocalo (el centro de la ciudad), pidiendo un aumento de sus sueldos, recursos para realizar reparaciones de infraestructura, y libros escolares y servicio social gratuitos. El 14 de junio, 3 semanas después, 3000 policías fueron enviados para disolver la ocupación utilizando gases lacrimógenos, garrotes, armas de fuego y helicópteros. La violencia era una respuesta común del gobierno, con el propósito de silenciar los movimientos sociales. Sin embargo, esta vez el pueblo se resistió. Se formó la Asamblea Popular del Pueblo de Oaxaca (APPO) que exigía la renuncia de gobernador Ulises Ruiz, quien se creía que había llegado a su puesto de forma ilegal. APPO organizó marchas de más de 800.000 personas en Oaxaca y más de 50 manzanas fueron ocupadas. Comenzaron entonces olas de violencia, en las cuales 20 personas fueron asesinadas y cientos torturadas, encarceladas y declaradas desaparecidas. Los oaxaqueños ocuparon pacíficamente algunos edificios de la ciudad y establecieron barricadas, llevaron a cabo pintadas (ver el post de Udi sobre Arte y política para más información al respecto) y muchos docentes llevaron a cabo huelgas de hambre. El levantamiento culminó con un encuentro particularmente violento entre el APPO y los ocupantes oaxaqueños y la policía a fines de noviembre de 2006, 6 meses después de la huelga de docentes original.

Foto en http://www.indybay.org/newsitems/2006/11/19/18331008.php de Barucha Calamity Peller, tomada el 19 de noviembre de 2006

El autobús finalmente atraviesa los límites de la ciudad de Oaxaca. Tanto Udi como yo sentimos una excitación anticipada por todo lo que estamos por aprender en las próximas semanas.

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Learning from Museums

Learning from Museums

Posted by on dic 2, 2012 in all posts, Canada, Vancouver | 0 comments

‘First Nations of British Columbia’ map from Museum of Anthropology, photo by Kelly

We were nearly an hour late for our appointment with Bill McLennan, head of Northwest coast art at the Museum of Anthropology in Vancouver, yet he still gave us a warm welcome, and a generous and intimate tour of the museum. Bill has for many years been researching the art of this region and getting to know the communities who make it. When we were at the Freda Diesing School, multiple copies of Bill’s book The Transforming Image: Painted Arts of Northwest Coast First Nations could be seen across the desks and were constantly used by students. This book was affectionately, and mischievously, called ‘the bible’ of the course by Dempsey. The black and white photographs of the bentwood boxes whose designs the students meticulously copied in their drawing exercises also came from Bill and his work. Bill stumbled upon this technique of photographing these old pieces with infrared film so as to bring out more the faded designs. Bill also sits on the advisory board of the School and is a regular lecturer there.

Museum of Anthropology, main hall, photo by Kelly

The Museum of Anthropology sits at the far end of the leafy campus of the University of British Columbia in Vancouver. The modern concrete building perched on a hill overlooks the Bay that edges the city. Through the museum window we see the cold waters of the Bay glistening in the light of the setting sun – the contours of hills and small islands engulfed by evergreen trees that thrive down to the water’s edge. This was like no other anthropology museum I ever saw. You walk through the entrance into a large hall with a number of different totem poles from this region, both old and some contemporary. Bill guided us through the museum which was about to shut, taking us through the main hall, the contemporary exhibits, the new wing which displays the art of this region in an innovative way and other various rooms.

Restoration and infrared photography, photo by Kelly

In the new wing, in a section entitled ‘multiverse’, objects are displayed in glass cabinets as well as drawing on an interactive online set of catalogues. The notion of ‘multiverse’ As the panel introducing this wing explains provides an explicit valuing of different worldviews, cultural practices and ways of knowing without valuing one over another. The panel also explains the role that First Nations groups have had in helping to curate and tell the stories of the objects displayed. We were thrilled to see this perspective of a ‘multiversity’ so explicitly stated and practiced in the museum. This resonates with the idea of the ‘multiversity’ found in higher education which similarly acknowledges that there are diverse knowledges, ways of learning, teaching, engaging, relating and living. The Multiversity movement internationally rejects that there is and can be a single definition of a ‘Uni’ -versity that, in the movement’s perspective has been colonised by ‘Western’ notions of Higher Education. The multiple ways of valuing in the ‘multi-verse’ section of the museum reflects how Bill and the museum have put into practice this pluralistic valuing of cultural objects as objects to learn from in museums and as artefacts part of living cultures.

Museum practice has come a long way from earlier museum attitudes whereby indigenous artefacts were often seen as ‘deadened’ fossilised cultures, as remnants from a previous age. As Bill explained, here the attitude of the museum is instead one in which it sees its role as that of a caretaker of objects that are part of living cultures. The Anthropology Museum has long running relationships with many of the communities from across Canada where these objects come from. There is an acknowledgement that although they are stored and displayed here for the general public, many of these objects still belong to these communities and that they are entitled to use them when required, such as for certain ceremonies.

Bill Reed Rotunda, photo by Kely

I ask Bill how the curators at the museum, those responsible for the preservation of these objects across time, responded to these changes in practice. Bill replied that they have come around over time. The approach taken is then a pragmatic one acknowledging that the museum is split between two not altogether unreconcilable positions; first, that of a publicly and government funded institution with a role of displaying these objects so that people can learn more about them and the cultures that made them. Secondly; museums also have the role of being the guardians of these objects for the communities that have made them and opening the doors of the museum so that these cultures can tell their stories too.

As we have seen, some Nations such as the Haida and the Nisga’a already have their own museum or heritage centre, whilst others do not have the facility or prefer to house their artefacts in museums and make use of them when needed. The Anthropology Museum also has a number of outreach and participatory projects with First Nations communities such as community arts projects or housing visiting artists who make their art in the museum. Bill told us how sometimes carvers would carve a pole or sculpture in the main hall for the public to see them at work and people describe this as their most memorable experience of the museum.

Museums have come to play an important role in our ‘enlivened learning’ journey, providing us with a multi-sensory learning environment through which we have walked and traced our own paths of discovery. The stories woven together in these places have been significant additions to the other places of learning we have written about such as historical or sacred sites or landscapes. Museums have also provided a historical grounding or context to the various conversations we had and stories we heard across Canada. Adding to the written sources we have consulted, and our own experiences across places, museums have provided further threads through which the mesh of our learning has taken place.

From Head-Smashed-In Buffalo Jump, to Writing-on-Stone, from the Nisga’a museum to the Blackfoot exhibition at the Glenbow museum, these are all examples of museums and displays designed, curated and run by First Nations peoples to tell their stories to their own communities and to others. We learnt much from these exhibitions, from the objects displayed, to the labels and narratives surrounding them, to the total experience they were trying to create. We have over our blog postings used a number of photos from these exhibits to try to convey a sense of the stories and histories being told.

In our travels we also went to several national museums, the Royal Alberta Museum in Edmonton, the Glenbow Museum in Calgary, the Royal Museum of British Columbia in Victoria, the Northern British Columbia Museum in Prince Rupert and the Fort Museum in Fort MacLoud. In many of these cases we also saw how national museums are trying to deal with and navigate the turbulent history of colonialism in Canada and the complex relationship between settler society and First Nations groups. Here we could see an attempt to represent the dark past of Canadian history, the oppressive Indian Laws, the broken and unjust treaties, the missionary conversions, the spread of disease, residential schools, the destruction of cultures and ways of life. We also saw attempts in these museums to show the cultural resurgence occurring since the 1960s, the contemporary artistic, educational, political and spiritual life of these communities. Many of these exhibitions were also curated in partnership with First Nations peoples.

Museums are an important source of authoritative knowledge in our society and increasingly for First Nations too. They are spaces of learning where this occurs in a multi-sensory way, not only through text, but also through objects, and increasingly through audio-visual and various digital media (see for instance my most recent film for the Pitt Rivers museum, Artisans of Memory). Museums are spaces where stories can be brought alive, that is why they are so popular especially with schools and parents. Behind these multi-sensory environments there are multiple designs, narratives and stories of how the world makes sense as well as through sets of implicit values.

Taking a slight detour and speaking about the use of museum in another context. We had wanted to go up to the Tar Sands region in northern Alberta to see for ourselves this place that is often talked about by First Nations peoples with much concern for the destruction it is causing to the water systems (not only immediately within this region but to much wider areas to connected watersheds across Canada and beyond) and the adverse health effects on neighbouring communities. We wanted to see this region as its development is proving to be the engine of the growth of Canadian economy and also because of its role as an increasingly important source of oil for the US and China. The region is then highly strategic for the oil economy but also of insurmountable significance in the costs to the environment and the process of climate change. I bring this up here because the corporations developing the Tar Sands also have their own museum in Fort McMurray designed to show the public their activities funded by private companies and the Alberta government. We wanted to see what this museum, the Oil Sands Information Center looked like and to experience its narratives and sets of values, but the journey north proved too far for our limited time.

Museums are then important sites of storytelling and conveying certain views of the world. They are also powerful institutions, closely tied with the world of academia and the sciences, which have come to have an authoritative aura for providing a legitimate description of the world. It is heartening to see that some of these institutions are now working much more closely with First Nations to not only include but voice their own view of the world, narratives of their histories, their ways of living, their spirituality and values. It is also significant how First Nations are appropriating and engaging with the institution of the museum, just as they are also doing with the institution of the university, as sites for the communication of their worlds and values, both for themselves and for others.

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