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Aprendiendo Autonomía, Oaxaca

Aprendiendo Autonomía, Oaxaca

Posted by on dic 21, 2012 in all posts, Mexico, Universidad de la Tierra | 1 comment

A través de esta publicación y esperamos que a través de muchas otras que vendrán, queremos experimentar con diferentes formas y estilos de escritura, especialmente inspirados por amigos como Jonathan Wyatt y otros que han estado practicando formas más colectivas y colaborativas de escribir. Como esta publicación en particular comienza a explorar las formas en que hemos estado aprendiendo y pensando sobre la autonomía, particularmente en su relación con un sentido de conexión (en lugar de independencia individual), hemos pensado en escribir este post en forma de diálogo.

Udi: Uno de los aprendizajes más profundos para mí en México ha sido alrededor del concepto y la práctica de la autonomía. Tanto en el ejemplo de los zapatistas y del levantamiento de los docentes en  2006 en Oaxaca, como en las prácticas y experiencias diarias vividas en Unitierra, y a partir de las críticas a la industrialización, el capitalismo, el colonialismo y la Modernidad que se encuentran en las obras de Gustavo Esteva, John Holloway y antes de ellos, Ivan Illich y Guillermo Bonfil Batalla, la autonomía aparece como un tema recurrente en las iniciativas sociales, culturales, intelectuales y políticas más emocionantes que ocurren en el país. Muchos de nosotros solemos preguntarnos cómo reproducimos y perpetuamos los sistemas e instituciones que rigen nuestras vidas y de los cuales nos sentimos dependientes. A través de muchas de las prácticas e ideas que hemos experimentado y aprendido en México tuvimos una idea de cómo estas cuestiones están siendo o pueden ser contestadas en la acción. ¿Qué significa esta idea y práctica de la autonomía para ti, Kelly, y qué aprendiste sobre esto en México?

Kelly: A partir de empezar a pensar y a entender las cosas de una forma más holística, creo que el ser autónomo no es sólo sentirse libre para hacer lo que cada uno quiere sin ningún sentido de la responsabilidad de los impactos y efectos sobre el resto del mundo. Más bien, es empezar por enraizarnos nosotros mismos al lugar donde estamos, y reflexionar críticamente sobre todos los aspectos de nuestras vidas y las relaciones que establecemos con otros y de las que dependemos; reflexionar sobre las formas a través de las cuales afectamos a los otros (humanos o no) que nos rodean, así como sobre las relaciones a través de las cuales quizás nos sentimos limitados de una forma u otra. Se trata de explorar críticamente aquello de lo que somos dependientes y cómo estas dependencias se reflejan en nuestra vida cotidiana – de dónde provienen y cómo y por qué suceden esas dependencias varias. Éstas van desde las necesidades básicas de alimentos, agua, vivienda y saneamiento hasta los conocimientos en los cuales confiamos  y las fuentes de las que provienen. ¿Cómo estoy atado a diferentes instituciones y cómo éstas están limitando mi propia creatividad y el sentido de comunidad y la cultura? Es a través de considerar y explorar diferentes opciones que podremos percibir y actuar sobre nuestras dependencias. Por ejemplo, ¿cómo podría yo cultivar mi propia comida o comprar alimentos producidos localmente y de acuerdo a los patrones estacionales? ¿Cómo podría capturar el agua que viene naturalmente del cielo? ¿Cómo están mis desechos contaminando diversas fuentes y cómo podría yo y la comunidad en la que vivo hacer algo para que dependamos más sólo de nosotros mismos y por lo tanto podamos tener una relación más recíproca con la tierra en la que vivimos? Éstas son sólo algunas de las cosas que se preguntan en Unitierra y que siguen explorando. Con un énfasis en la creatividad y en la importancia de que cada uno se concentre en el tipo de aprendizaje que lo apasiona, estas preguntas son exploradas a través de distintas formas creativas, inspiradoras e inesperadas. La pregunta realmente importante que Unitierra sigue preguntándose es: “¿cómo la autonomía o la libertad de nuestro “yo” (de uno mismo) es inseparable de la comunidad, que incluye tanto a los humanos como a los no humanos?” ¿Qué pensás de todo esto Udi?

Unitierra, taller sobre injertos de árboles. Foto tomada de la filmación realizada por Udi.

Udi: Hay una forma más habitual de entender la autonomía, en la cual el concepto se asocia a menudo con la libertad individual, con el ser libre de toda coacción o con la libertad de buscar el curso de acción que cada uno desea. Creo que la práctica de la autonomía que hemos estado viendo y sobre la cual hemos estado oyendo hablar aquí en México en estas iniciativas va más allá de este sentido de libertad individual o del “yo”, porque hay una clara conciencia de que la autonomía sucede en una comunidad junto a otros, seres vivos humanos y no humanos. Podríamos decir que hay dos términos y prácticas que se superponen o que vienen junto con el concepto de autonomía: la “Comunalidad” y “los ´bienes´ comunes”/”patrimonio común”. La comunalidad es la expresión de una “cosmovisión” indígena, de una forma de ver y estar en el mundo, que Jaime Martínez Luna, activista y antropólogo zapoteco, nos explicó en una entrevista que hicimos con él. La comunalidad implica desarrollar una relación con el territorio o con la tierra en la que uno crece, una relación con el trabajo que es necesario realizar en ese lugar para poder sostener la vida, una relación con los demás a fin de organizar ese trabajo, y, finalmente, ¡fiestas que celebren ese trabajo, la comunidad y la vida!

Jaime Luna Martinez, al lado de una laguna en Guelatal. Foto tomada de la filmación de la entrevista (Udi).

En este sentido, el significado de autonomía está relacionado a la autosuficiencia y a la capacidad para generar los distintos elementos necesarios para la sustentabilidad de la vida de la comunidad. Por lo tanto, es evidente que no se trata solamente de una libertad individual, sino de la creación de un espacio común y cosas comunes que sustenten la vida. Los “commons”, las cosas comunes que están en un espacio común, el patrimonio común, es una noción y práctica incompatible con el capitalismo, ya que es algo que no puede ser comprado ni vendido ni apropiado. En cambio, estos “commons”, este patrimonio común, es aquello de lo cual se ocupan y preocupan un colectivo de personas; y los lazos que atan a las personas a estos commons no son los del mercado, sino que a menudo provienen de valores e identidades compartidas. Kelly, ¿te gustaría decir algo acerca de estos valores o cualidades relacionados a la autonomía y a los commons que hayamos aprendido en Oaxaca?

Kelly: La noción de “nosotros” y “commons” apareció muchas veces durante nuestra charla con Gustavo, al igual que este maravilloso concepto y práctica de Comunalidad. Los significados de cada uno de ellos están fuertemente relacionadas entre sí y todos ellos quitan el foco central de lo que es el individuo o el “yo”. Recuerdo que me habían dicho que en muchas lenguas indígenas en Oaxaca (y también en otros lugares), no existe una palabra para “yo”. Cada vez que una persona habla de una necesidad o de un deseo en estos idiomas indígenas, lo hace a través de una perspectiva de “nosotros”. Esto para mí es muy profundo. Después de aprender esto me puse a pensar en cuan a menudo sólo me refiero a mí misma, “yo esto”, “yo aquello”. Si cada vez que me refiero a mí, me refiriera también automáticamente y simultáneamente a un “nosotros”, tomaría inmediatamente y constantemente mucha más conciencia de todo el resto del mundo, del gran mundo, del que soy parte. Esta perspectiva trae consigo un sentido completamente diferente de la responsabilidad y de la existencia en el mundo. No borra el sentido del yo – para hablar a favor, o en representación de otros, sino que es un recordatorio constante de que no hay un “yo” sin un “nosotros”. Cualquier parte del “yo” es parte de un “nosotros” mucho mayor – el nutrir y ocuparse de estos “commons” es justamente este pensar y hacer a través de la perspectiva del “nosotros”. La noción de “patrimonio común” en el discurso ambientalista se relacionan generalmente con la “tragedia de los comunes”, que se refiere a la sobre-utilización y explotación de los recursos (hasta su agotamiento) específicamente como consecuencia de esta incapacidad de pensar y actuar a través de esta perspectiva del “nosotros” y de lo común. Como mencionabas recién, vivir de acuerdo a esta perspectiva del “nosotros” se opone bastante a las creencias y valores inherentes a nuestra sociedad profundamente capitalista.

Cezar Añorve enseña sobre los inodoros generadores de compost a través de un taller en Unitierra. Imagen tomada de la filmación. (Udi)

En Uniterra, el concepto de autonomía, entendido en esta relación con un “nosotros”, es muy visible. Existe una ética del “nosotros” y una forma de ser hospitalaria que impregnan todas las interacciones. Para empezar, cualquier persona puede entrar en el edificio que alberga Unitierra en la ciudad de Oaxaca, cualquier persona puede asistir a un taller o seminario, participar de las conversaciones, o desarrollar ideas con los demás. Nadie es superior ni inferior al resto,  sin importar su edad, género, origen étnico y/o nivel de educación. En Unitierra, todos somos sólo seres humanos explorando lo que significa estar en el mundo de formas que nos involucren críticamente con diferentes tipos de luchas. Esta forma de interactuar, o aprender juntos me es realmente rara. A pesar de que esta ética de ser y hacer en Unitierra fue influenciada significativamente por Gustavo, viene de mucho antes, viene de la relación de Gustavo con Ivan Illich y los muchos otros pensadores y activistas que se reunieron (junto con Iván) para explorar estas diferentes perspectivas y formas de ser en el mundo a partir de la década de 1970 en México, hasta la muerte de Iván en 2002.

Ivan Illich es una importante fuente de inspiración en Unitierra. Esto no es sólo debido a la estrecha amistad de Gustavo con Iván, que desarrolló durante los muchos años que vivió Ivan dentro y fuera de México, sino que es por la forma en que Iván construía y se involucraba en relaciones hospitalarias y, en última instancia, amistades profundas. Ivan Illich era una persona de muchas identidades – un filósofo, un crítico social radical, un ex sacerdote católico -, pero para muchos de los que lo conocían, no era más que un alma hermosa, hospitalaria y humilde. El texto de Iván, Deschooling Society (Desescolarizando la sociedad), es probablemente su publicación más famosa, así como su publicación más mal entendida. El libro no está en contra de la educación per se, sino más bien de la institucionalización del aprendizaje como una forma de colonización cultural. Hay muchos puntos y reflexiones críticas y creativas entretejidas a lo largo del libro, pero dos son particularmente dignos de mención. El más fuerte tiene que ver con las instituciones: lo que son, dónde están, cómo llegan a ser lo que son, cómo nos restringen y limitan, consolidándonos en posiciones que nos son impuestas, que a menudo son tan lejanas de lo que realmente queremos ser en nuestras vidas, hacer con nosotros mismos, con nuestras familias y con la Tierra. Al mismo tiempo, Illich sostiene, que se nos hace creer que necesitamos aprender de otros, que debemos confiar en aceptar el conocimiento tal cual como nos es pasado o trasmitido por otros, sobre todo por los maestros en las escuelas, y a menudo en pos de obtener un certificado o diploma para verificar que nuestro conocimiento, o el conocimiento que hemos consumido exitosamente, es suficiente. Illich y otros han llamado a este proceso “la enfermedad de los títulos o diplomas» sobre la cual el sistema educativo no sólo se apoya, sino que es a través del cual se legitima a sí mismo. Esto es exactamente a lo que se opone Unitierra a través de su apertura, hospitalidad, foco en la práctica, importancia dada el aprendizaje comunitario y al aprendizaje autoimpulsado y reflexivo, que es tan teórico como práctico.

Udi: En mi limitada comprensión, la originalidad de Illich fue contribuir a las críticas de Marx al capitalismo (que se centraban en el trabajo y en la producción), refiriéndose y tratando no sólo la cuestión de la industria, sino también la de los servicios. Illich veía a las industrias de los servicios, sobre todo la educación y la salud, también como parte de esta lógica alienante y burocrática, industrializante de la modernidad; algo de lo que los trabajadores universitarios contemporáneos  parecen estar cada vez más conscientes. La obra y vida de Illich exploran las formas de ‘escapar’ de esta lógica y de crear más espacios autónomos de aprendizaje o de servicios en su lugar, que se basen en cambio en los principios de la hospitalidad, la generosidad y la amistad. De esta manera sus puntos de vista y su práctica, su cosmovisión se podría decir, se relacionan con aspectos profundos de la experiencia y cualidades humanas: la amistad, hospitalidad y generosidad, como valores orientadores a través de los cuales se pueden crear nuevos espacios para estar y aprender juntos y potencialmente para organizar comunidades. Esta forma de pensar se encuentra en la dirección opuesta a la concepción de la naturaleza humana que tiene la mayor parte del pensamiento económico y las ciencias sociales tradicionales, que piensan a los individuos como egoístas y maximizadores de beneficios/ganancias. En cambio, se encuentra muy en línea con el continuum “yo”-“nosotros” que describiste anteriormente. Es interesante señalar, tal como Gustavo mencionó en nuestras conversaciones, que Illich aprendió mucho de las comunidades indígenas en México mientras que él estaba aquí y que su trabajo muestra la influencia de prácticas indígenas, tales como la de comunalidad.

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Llegando a la Universidad de la Tierra

Llegando a la Universidad de la Tierra

Posted by on dic 14, 2012 in all posts, Mexico, Universidad de la Tierra | 0 comments

Cartel de Unitierra. Foto tomada por Udi

Llegamos a la Universidad de la Tierra, más conocida como Unitierra, hace un par de horas. Es nuestra primera visita. Caminamos tan sólo 10 minutos desde donde nos estamos alojando hasta aquí. Esperamos más o menos 30 minutos hasta que Gustavo Esteva llegó, para tener nuestra primera conversación cara a cara con él. Durante estos 30 minutos exploramos los libros y posters que estaban en el hall de entada y hablamos con uno de los “alumnos” que estaba allí.

En cuanto uno entra al edificio de Unitierra se encuentra con una mesa con camisetas que dicen “Todo para Todos” y con una variedad de libros en venta, en su mayoría en español, que tratan sobre diferentes temas relacionados a los principios y prácticas de Unitierra. Pude notar un libro que había sido publicado en inglés y comencé a preguntarme acerca de la conexión entre Unitierra (en especial Gustavo) y los Zapatistas: Beyond Resistance: Everything (An interview with Subcomandante Marcos). (Más allá de la Resistencia: Todo. Una entrevista con el Subcomandante Marcos)

Entrada de Unitierra. Foto tomada por Udi.

Había también, colgado de la pared,  un hermoso banner tejido a mano con el logo de Unitierra. Noté un retrato del famoso revolucionario Emiliano Zapato y un póster con una inscripción que decía: “Ya se mira el horizonte: otro México nace abajo y a la izquierda”.

Fuimos al cuarto de al lado y comenzamos a hablar con Edgardo, alias Edi, un alumno-colaborador (el término “estudiante” no se usa en Unitierra) que llegó a Unitierra después de descubrirla accidentalmente durante su curso de sociología en la Universidad de Oaxaca, para el cual tenía que “salir y hacer algún trabajo comunitario”. Su “trabajo comunitario” se convirtió en algo mucho más recíproco: en vez de ofrecer algún tipo de servicio o ayuda para Unitierra, comenzó a aprender de la institución y de las personas que la conforman.

En este cuarto también había algunos títulos de libros que inmediatamente

me llamaron la atención: Mexico Profundo: Reclaiming a Civilization; Oaxaca Rebellion; The ABCs of dry compostable toilets; Women Writing Resistance; The complete works of Ivan Illich. Justo hace unos pocos días me había encontrado por primera vez con el término “México profundo” en un maravilloso libro llamado The New World of Indigenous Resistance (El Nuevo Mundo de la Resistencia Indígena), en una librería inglesa en el centro de Oaxaca. Me pregunto cómo todos estos libros (junto con cientos de otros) se relacionan con lo que Unitierra es como comunidad, con las personas con las que está conectado, con lo que ha hecho en el pasado y con lo que está haciendo hoy en día.

 

Desde los dos cuartos en los que hemos estado se puede ver una sala de reuniones grande, en la que entrarían 40 personas confortablemente. La sala parece acogedora, con muchas plantas, posters, y con las paredes pintadas en tonos cálidos. Hay árboles creciendo literalmente a través del techo en el fondo del cuarto. Se puede ver la luz del sol filtrándose por entre las cañas de bamboo del techo.

Sala de reuniones en Unitierra. Foto tomada por Kelly

Me siento muy feliz y entusiasmada de estar aquí en Oaxaca, en particular en el edificio de Unitierra. Tuve un sentimiento similar cuando visitamos por primera vez Shikshantar, en Udaipur, India y nos encontramos con Manish Jain, y también cuando visitamos Red Crow y conocimos a Narcisse Blood y Cynthia Chambers.  Antes de que visitáramos Red Crow, Shikshantar y ahora Unitierra, me había imaginado muchas veces cómo debían ser estos lugares. Había leído sobre ellos, mirado películas (las pocas que había logrado encontrar online). Había incorporado estos lugares a charlas, discusiones y usado imágenes de los mismos en mis clases en Bath. También había hablado sobre ellos en una conferencia internacional, todo el tiempo sintiendo una especie de incomodidad por no haber nunca sentido realmente estos lugares, por poder hablar sobre ellos sólo de una forma abstracta. Sin embargo, seguía hablando sobre ellos, con pasión por su importancia en el mundo. Las respuestas de mis alumnos u oyentes solían ser las mismas: una mezcla de entusiasmo con escepticismo. Muchas veces los alumnos se mostraron muy intrigados y hasta los escuché decir que los textos, imágenes y videos los habían inspirado. Los colegas de la Conferencia Internacional en la que había hablado estaban muy entusiasmados por aprender más, pero también muchos se referían a estos lugares con condescendencia, hablando de ellos como si fueran tan sólo “proyectos de alfabetización para adultos” o “cultos religiosos” (mi favorito). Yo respondía a todos estos comentarios diciendo: “Bueno, quizás deberíamos pararnos un momento y considerar críticamente: ¿qué es una universidad y quién la define?, ¿para qué y para quién debería servir la universidad hoy en día? ¿de qué otras formas podemos imaginarnos y crear una universidad o cualquier otra institución de educación superior?”

Volviendo a mi presencia aquí, ahora, en Unitierra, empiezo a considerar todas las cosas sobre las que me gustaría hablar con Gustavo y a imaginarme como será esta primera conversación con él. Las ideas de Gustavo me han estado inspirado desde hace mucho tiempo, desde hace una década, a través de sus textos y de su influencia sobre algunos de mis amigos. Desde el momento en que, gracias a Ana María Duque-Artistizabal, una estudiante de posgrado que tuve la suerte de conocer en el King’s College de Londres, entré al mundo de la “educación crítica” y del “post-desarrollo” que critica fuertemente las ideas y prácticas del progreso, la Modernidad y la educación formal, me encontré con el nombre “Gustavo Esteva”. La primera publicación suya que leí fue su capítulo “Development” (Desarrollo) en el Dictionary of Development (Diccionario de Desarrollo). Aquí deconstruye críticamente el término desarrollo y precisa y explica el momento histórico en el que la idea de desarrollo apareció por primera vez a través del discurso post Segunda Guerra Mundial de Truman, en el cual se refería a la la mayor parte del resto del mundo con el nombre “subdesarrollado”, y explicaba cómo estos países necesitaban ayuda, progreso y modernidad. 12 años después, aquí estoy, en una década diferente y en una etapa de mi vida totalmente diferente-aprendiendo, viajando, visitando- finalmente siendo capaz de  sumergirme en este lugar, en Unitierra. Lo que más me ha inspirado de Gustavo es su compromiso con la práctica, y el hecho de que vive su vida en total concordancia con sus valores y creencias.

Gustavo entra al cuarto donde estamos un poco más tarde que lo

que habíamos arreglado. Parece un poco nervioso. Todos pedimos disculpas: él por llegar tarde y nosotros por no querer estar en el medio molestándolo cuando seguramente él está tan ocupado. Nos muestra el camino hacia otro cuarto y nos sentamos todos alrededor de una gran mesa. Hay otra gran estantería con libros y una pared con fotos en blanco y negro

de lo que parecieran ser indígenas de Oaxaca.

Mi incapacidad para hablar en español (¡esperemos que no sea una incapacidad permanente!) y la fluidez con la que Gustavo habla el inglés, fueron determinantes a la hora de decidir que la entrevista fuera en inglés. Udi y yo pasamos un tiempo introduciéndonos (quiénes somos, qué hemos estado haciendo, por qué estamos aquí, qué es lo que queremos hacer en México). Udi toma la palabra y comienza a hablar más sobre nuestro viaje (¿), proyecto (¿), peregrinaje (¿). Yo intervengo y ambos tratamos de encontrar una palabra que sea apropiada para describir lo que estamos haciendo. Gustavo escucha atentamente, pacientemente. Pero tan pronto como comienza a hablar, se para y nos dice que lo sigamos hacia otra habitación (de nuevo llena de libros), y luego a través de una puerta que da al exterior.

Cuarto al lado del jardín sobre el techo. Foto tomada por Kelly

En cuanto salimos Gustavo nos señala, justo al lado de la puerta, un baño de paredes de bamboo que contiene un inodoro/retrete de compost, y luego, una bicicleta hecha a medida que sirve para bombear agua hacia un gran contenedor ubicado encima del techo del edificio.

Inodoro/retrete generador de compost, en el camino al jardín del techo en Unitierra. Foto tomada por Udi.

Bicicleta que bombea agua. Foto tomada por Kelly.

Subimos unas escaleras hacia un jardín urbano, en el techo del edificio. Hay plantas por todos lados: verduras, hierbas, árboles frutales, un pequeño invernadero y un cactus muy grande. Hacia la izquierda se pueden ver las copas de los árboles plantados en la sala de reunión del piso de abajo. Muchas de las plantas están plantadas en botellas de plástico de diferentes tamaños y en contenedores de madera.

Hacia el final de este maravilloso jardín urbano se puede ver un área techada pero abierta en la que hay una mesa con al menos 15 sillas. Hay pósters en una de las paredes, y en la pared opuesta hay otra mesa con contenedores de tierra, herramientas y plantas más pequeñas.

Unitierra surgió al final de los 90, como una respuesta creativa a un Congreso en 1997 durante el cual pueblos indígenas declararon, por primera vez públicamente, el impacto destructivo de la educación sobre sus comunidades. Gustavo se refiere a esta destrucción con el nombre de “culturicidio”, (que me hace acordar al concepto de Wade Davis de “etnocidio” por razones similares). Luego de esta declaración pública y con la influencia, las enseñanzas (y la amistad) de Iván Illich, a Gustavo se le ocurrió crear un contexto de aprendizaje, una universidad experimental, Unitierra, como una respuesta directa a estas críticas sobre la educación. Todo quien tuviera más de 18 años y pudiera leer y escribir fue invitado a unirse, y desde entonces las puertas han estado siempre abiertas para todo quien se sienta curioso de aprender con la comunidad de Unitierra.

Gustavo nos explica que el “campus” de Unitierra se ha convertido en nómade, como una red en expansión. Aunque este es  el edificio principal de la institución, no es más el centro de Unitierra. Hay un gran énfasis puesto en la creación y puesta en práctica de organizaciones con las comunidades (principalmente indígenas) fuera del centro de la ciudad de Oaxaca. Originariamente, todo el campus se encontraba en este sitio; todos aquellos que querían aprender venían aquí para quedarse, para organizar lo que querían aprender y cómo querían hacerlo. El proceso de aprendizaje dentro de las paredes de Unitierra incluía momentos de lectura (de textos que ellos mismos podían escoger), discusiones, pero también reflexiones sobre sus experiencias como aprendices hasta que se sintieran satisfechos con su aprendizaje. Algunos “aprendices” cambiaban su área de estudio luego de explorar aquello por lo que se sentían más interesados. La cuestión clave aquí, Gustavo nos explica, es que estaban haciendo aquello que amaban. Los ojos de Gustavo se iluminan cuando nos explica que el amor es lo más importante de todo. El amor como concepto es a propósito generalmente dejado de lado en  contextos académicos. Este ambiente de aprendizaje tan nutritivo no tiene exámenes formales, ni control de asistencia, ni listas de lectura. Tal como lo ve Unitierra, nutrir el aprendizaje es dejar ser libre y autónomo, en un contexto que sea hospitalario y nutritivo para todos aquellos involucrados. La forma de concebir y las prácticas de la autonomía, junto con las prácticas y conceptos de amistad y hospitalidad crean lo que es el corazón latiente de Unitierra, con todos sus seminarios, talleres y actividades, que resaltan la creatividad y el pensamiento crítico.

Imagen del video que filmamos durante nuestra entrevista con Gustavo Esteva.

Conseguir financiamiento ha sido un problema constante a lo largo de todos los años de Unitierra, especialmente en sus comienzos. La cuestión es que muchas de las personas que vienen a la ciudad de Oaxaca para aprender, discutir y crear, no son siquiera capaces de mantenerse económicamente. Por eso, no hay cuotas a pagar para aprender y para ser parte de la comunidad de Unitierra. Esto ha empujado a Unitierra a centrarse y a poner énfasis en las comunidades fuera de Oaxaca.

En este jardín urbano en el techo Unitierra se llevan a cabo talleres de agricultura  muy variados sobre prácticas relacionadas a los alimentos (cultivar, propagar y cocinar). Nosotros estaremos participando de uno sobre cómo injertar árboles. Unitierra también está trabajando con muchas comunidades fuera de la ciudad de Oaxaca en cuestiones relacionadas a la comida, al agua, a la higiene y a la construcción (arquitectura). Todos estos talleres enseñan cómo hacer, cultivar, formar, diseñar… en otras palabras cómo hacer cosas (prácticas). Las conversaciones teóricas ocurren rutinariamente una vez por semana (usualmente los miércoles) aunque hay generalmente otros seminarios en otros días. Además (y muy importante) siempre hay más discusiones que reflexionan críticamente sobre cómo estas teorías pueden ser puestas en práctica.

Algunas de las actividades que Unitierra está llevando a cabo. Foto tomada por Kelly.

Gustavo nos explica que la prioridad principal de Unitierra es resucitar conocimientos que han sido suprimidos a través de procesos colonialistas (culturicidio) y crear nuevas formas de conocimiento que se concentren en generar autonomía. (Escribiremos mucho más sobre esta autonomía en futuras publicaciones). Unitierra está conectado con expertos en conocimientos técnicos, pero esta pericia no se relaciona solamente con un conocimiento determinado, sino que también  con la capacidad de ser sólo dependientes de su comunidad y de ellos mismos. La comida es una forma fácil para conectarse y hay un conocimiento profundo sobre las comidas que las comunidades están compartiendo con Unitierra también. Por lo tanto, hay reciprocidad en el aprendizaje y en el intercambio.

Nuestra conversación inicial con Gustavo durante esta primera visita fue fragmentada, con interrupciones de otras reuniones y duró poco tiempo. Sin embargo, Gustavo nos mostró generosamente una gran variedad de eventos, actividades y seminarios que se llevarían a cabo durante los próximos diez días. El primero de ellos era más tarde ese mismo día: un seminario abierto para discutir el décimo-noveno aniversario del levantamiento Zapatista en Chiapas, el estado vecino a Oaxaca, llamado “¿Qué es el Zapatismo hoy en día?

Anuncio sobre el Seminario de Zapatismo en Unitierra. Foto tomada por Kelly.

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El arte de la rebelión, parte 1 – Oaxaca

El arte de la rebelión, parte 1 – Oaxaca

Posted by on dic 13, 2012 in all posts, Mexico, Universidad de la Tierra | 0 comments

Esténcil retratando la modificación genética del maíz, centro de Oaxaca. Foto tomada por Udi.

Esténcil retratando la modificación genética del maíz, centro de Oaxaca. Foto tomada por Udi.

Ya desde el primer día en que comenzamos a caminar alrededor de la ciudad, notamos que existía algo distintivamente rebelde e innovador en la cultura política del estado y ciudad de Oaxaca. Parecía haber una cierta energía presente, en el aire, en los posters políticos y en las pintadas en las paredes. Pero también, desde la supresión de la rebelión en 2007 (sobre la que Kelly escribió un poco en el post previo) el estado Mexicano ha establecido una constante y amenazante presencia policial: se pueden ver todos los días en las calles de la ciudad policías militares patrullando, con sus oficiales siempre vestidos de uniforme negro, chalecos antibalas y a veces usando máscaras de ski negras (pasamontañas), circulando alrededor de la ciudad en camionetas pick-up con ametralladoras listas.

Oaxaca Rebelde, camisetas, foto tomada por Udi.

Oaxaca Rebelde, camisetas, foto tomada por Udi.

La ciudad alberga una diversidad de experimentos en términos de vivienda, organización y creación, que se están llevando a cabo desde hace al menos 10 años. La identidad y las formas de organizarse, de aprender y de relacionarse con el otro y con la naturaleza indígenas son muy importantes en estos experimentos oaxaqueños para vivir y resistir. Las formas indígenas de conocer y conceptos y prácticas claves, tales como “comunalidad” e “interculturalidad” (sobre los cuales escribimos en otras publicaciones) se han vuelto muy importantes en esta cambiante cultura política, lentamente llegando a las escuelas y a las universidades de la región, empujadas por activistas indígenas e intelectuales.

Durante nuestro tiempo en Oaxaca nos encontramos con diferentes tipos de experimentos y experiencias sociales, políticas, artísticas y ecológicas, llevándose a cabo en diferentes lugares de la ciudad. Tuvimos la suerte de conocer y pasar un tiempo en uno de estos experimentos, que es tanto social como ecológico, artístico y político; que es creativo y crítico. Este “experimento” es la Universidad de la Tierra, o Unitierra, como es llamada generalmente.  Unitierra ha sido, desde sus comienzos en los 90, un referente importante en este proceso de fermentación de nuevas formas de vivir que se ha dado en y alrededor de la ciudad. En nuestros próximos posts escribiremos sobre las experiencias, encuentros y aprendizajes en Unitierra.

Lo que quiero describir aquí (en esta publicación) es el sentido más expresivo que tuvimos de esta cultura de la rebelión, tanto aquí en Oaxaca como en Chiapas, donde también pasamos un tiempo.

Mural de Zapata, Oaxaca,  foto tomada por Udi.

Mural de Zapata, Oaxaca, foto tomada por Udi.

Las paredes de Oaxaca están cubiertas de murales, grafitis, esténcils y pósters políticos. La ciudad también alberga muchos colectivos de artistas y espacios creativos que producen esta colección rica de imágenes. Kelly y yo sentimos como estas imágenes hablan sobre preocupaciones presentes, ideas claves y esperanzas de esta ambiente político: la apropiación de tierras y recursos por parte de corporaciones y la imposición del maíz genéticamente modificado; la continua opresión y violación de derechos por parte del Estado; la indigeneidad; las comunidades intentando vivir de una forma diferente, en equilibrio entre ellas y con la naturaleza.

Gemelas, grafiti, Oaxaca, Foto tomada por Udi.

Gemelas, grafiti, Oaxaca, Foto tomada por Udi.

Una mañana temprano caminamos alrededor del área céntrica y encontramos lo que se

oaxaca - gm corn wall stencilconvirtió en nuestro esténcil favorito, pintado sobre la pared de una pequeña calle, al

lado de un espacio de arte colectivo, a unos pocos minutos de la estación de autobús.

La simple pero a la vez elegante imagen muestra una mujer apuntando con un arma a un grupo de figuras vestidas con trajes de radiación o contaminación, que parecen estar plantando una nueva especie o robando el maíz que la mujer había plantado. Ella está usando un clásico pañuelo indígena en su cabeza, mientras que las otras figuras representan fuerzas externas aliadas a las corporaciones que están presionando al Estado y a los granjeros locales a adoptar maíz genéticamente modificado (hay una publicación del blog que trata específicamente este tema). Por lo tanto, esta imagen, aunque simple, muestra un problema que alcanza a muchos campesinos y comunidades indígenas en diferentes partes del país, y muestra un concepto de resistencia en la cual las relaciones normales de poder se encuentran invertidas.

Póster para un evento de un artista de grafitis, Oaxaca. Foto tomada por Udi

Póster para un evento de un artista de grafitis, Oaxaca. Foto tomada por Udi

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Este arte de los murales políticos comenzó a realizarse casi 100 años atrás en México. Data del período posterior a la revolución Mexicana de 1910 que derrocó al dictador Porfirio Díaz y fue creado e impulsado por campesinos, indígenas y personas que habían perdido sus tierras en manos del Estado. El antropólogo mexicano Guillermo Bonfi Batalla, quien acuñó el término “México profundo” para referirse a la cultura Meso-americana que continúa influenciando la cultura nacional mexicana, ha sido una figura muy influyente en los debates relacionados a las condiciones pasadas y presentes de las poblaciones indígenas que viven en México.

Siqueiros, 1958, Museo de Arte Moderno, Ciudad de México, foto tomada por Udi

Siqueiros, 1958, Museo de Arte Moderno, Ciudad de México, foto tomada por Udi

La noción de “México profundo” contrasta fuertemente con lo que Batalla llama “México imaginario”, o el México que ha tratado de imaginar su camino hacia una existencia dominante y ha fallado, a causa de la continua fuerza de las millones de personas que conforman el México Profundo.

Su nombre ha sido también recurrentemente mencionado en las conversaciones que tuvimos con varias personas en México. Batalla escribió lo siguiente sobre la prevalencia de dichos murales en el período post-revolucionario:

 “Cientos de metros cuadrados de murales adornan todo tipo de edificios públicos en las ciudades de la república. Hay murales en los edificios de gobierno y en las oficinas públicas, en mercados y hospitales, en escuelas y bibliotecas, en fábricas y en lugares de trabajo. En estos murales, la imagen del indio es prácticamente indispensable. Raramente falta alguna alegoría al mundo pre-colonial, que frecuentemente sienta las bases o preside sobre las escenas del mundo de hoy o de mañana.”  (traducción directa, no oficial del libro México profundo en inglés)

 Mural-Diego-Rivera- foto de Mirairi Erdoza - de: http://fr.fotopedia.com/items/anboto-2umoIxo9DBo

Mural-Diego-Rivera- foto de Mirairi Erdoza – de: http://fr.fotopedia.com/items/anboto-2umoIxo9DBo

En la primera mitad del siglo XX, la generación más internacionalmente famosa de artistas mexicanos (Frida Kahlo, Diego Rivera, Gabriel Orozco y Siqueiros) estaban también profundamente inmersos en la política de aquellos tiempos y en el período post-revolucionario centrado en la construcción de una identidad nacional. Los últimos tres estaban incluso involucrados en proyectos de murales a gran escala financiados por el Estado mexicano como parte de sus aspiraciones nacionalistas. Como afirma Batalla, esta búsqueda de identidad generalmente volvía hacia las raíces indígenas, utilizando aspectos de éstas que podían ser fácilmente apreciados:

 “la bucólica vida del campesino, artesanías populares y folklore. En la música, la danza, la literatura, y las artes plásticas, la temática del indio proveía los elementos básicos para dar forma a una vasta corriente nacionalista bajo el patronazgo del gobierno.” (Traducción directa, no oficial del libro México profundo en inglés)

 

Para Batalla, los museos también jugaban un rol clave en este proceso de exaltación de las raíces indígenas mexicanas, algo que se puede ver claramente en una de las atracciones más famosas de México: el Museo Nacional de Antropología en el Parque Chapultpec, en una zona adinerada de la ciudad. Pasamos muchas horas en el museo pero tan sólo logramos ver una pequeña fracción de él, abrumados por la enorme cantidad, diversidad y calidad de los objetos expuestos.

 Museo Nacional de Antropologia, Ciudad de México, foto tomada por Udi

Museo Nacional de Antropologia, Ciudad de México, foto tomada por Udi

El museo está dividido en las diferentes regiones geográficas mexicanas, cada una con sus grupos étnicos. Cada sección tiene dos pisos: el piso de abajo siempre expone los tesoros de “las civilizaciones pasadas”, mientras que el de arriba muestra la vida actual de estos grupos étnicos. Justo fuimos un domingo, día en que los museos son gratuitos para los mexicanos, por lo tanto, la gran cantidad de personas, en particular padres con sus hijos, hacía al lugar aún más abrumador. Muchos de los niños parecían estar haciendo algún tipo de tarea, yendo y viniendo de una habitación a otra, escribiendo en anotadores. Por el contrario, los cuartos del piso de arriba, los que muestran la vida cotidiana de los grupos étnicos hoy en día, estaban silenciosos y las exposiciones eran todo menos vivas o animadas. Este contraste entre el pasado exaltado como parte de la formación de la historia mexicana nacional y la falta de atención a las condiciones presentes de los pueblos indígenas es uno de los temas principales en el trabajo de Batalla:

 

“La presencia indígena, como se muestra en los murales, museos, esculturas y sitios arqueológicos, todos ellos abiertos al público, es tratada básicamente como un mundo muerto. Es un mundo único, extraordinario en muchos de sus logros, pero sigue siendo un mundo muerto. El discurso oficial, traducido en el lenguaje de las artes plásticas o de la museografía, exalta a ese mundo muerto como la semilla que dio origen al México de hoy. Es el pasado glorioso del que debemos sentirnos orgullosos, que nos asegura un gran destino histórico como nación, a pesar de que la lógica de esa afirmación no esté del todo clara. El indio vivo y todo lo que sea indio, es relegado al segundo piso, cuando no es ignorado o negado. Al igual que en el Museo Nacional de Antropología, el indio contemporáneo ocupa un espacio segregado, desconectado del pasado glorioso, así como del presente, que no le pertenece: un espacio prescindible. A través de una hábil alquimia ideológica, ese pasado se convirtió en nuestro pasado, una simple referencia a lo que existía como una especie de premonición de lo que México es hoy y lo será en el futuro. No tiene ninguna conexión real con nuestra realidad actual y nuestro futuro colectivo.” (Traducción directa, no oficial del libro México profundo en inglés)

 

Los objetos artísticos y las expresiones visuales que hemos visto en México en el inagotable Museo de Antropología, en los templos, el trabajo de los artistas del siglo XX como Kahlo, Rivero y Sequeiros, los murales y el arte callejero en Oaxaca y Chiapas, me hicieron reflexionar más sobre estas conexiones entre el arte, la política, y las construcciones de identidades. Nuestra breve pero profunda inmersión en el arte de la costa noroeste de Canadá nos enseñó mucho sobre los lenguajes y la gramática que hablan a través de las formas, la profunda relación con el lugar, las historias talladas convertidas en seres vivos sagrados para estas comunidades y la importancia en su rol para preservar prácticas culturales e identidades (ver la publicación sobre el Freda Diesing School).  ¿Cómo se relaciona lo que experimentamos sobre el arte mexicano con lo que experimentamos en Canadá? ¿Cuál es el lugar del que emerge este arte? ¿De qué lenguajes, formas e historias proviene? ¿Cómo preserva las prácticas culturales e imagina nuevos futuros e identidades?

Pintura votiva de la colección Frida Kalho, casa de Frida Kahlo, Ciudad de México, Foto tomada por Udi

Pintura votiva de la colección Frida Kalho, casa de Frida Kahlo, Ciudad de México, Foto tomada por Udi

Kahlo, Rivera, Siqueiros y muchos otros artistas de su generación estaban involucrados en el período de la post-revolución mexicana, de la elaboración de una nueva identidad nacional, como explicó Batalla. Como artistas estaban creando un nuevo imaginario para el país recurriendo a diversas tradiciones pictóricas locales y de vanguardia, como el surrealismo y la pintura votiva en el caso de Kahlo, o la pintura mural y el realismo social de Rivera. Estos fueron los artistas que también estaban profundamente involucrados en las luchas políticas e ideológicas de su época. Tanto Kahlo como Rivera estaban preocupados por las cuestiones de identidad nacional pero eran a la vez comunistas comprometidos.

Foto tomada por Udi del espacio (y la pared) entre el Templo Mayor y la Catedral, Ciudad de México

Foto tomada por Udi del espacio (y la pared) entre el Templo Mayor y la Catedral, Ciudad de México

Con estos pensamientos en mente, las imágenes que vimos en las paredes de Oaxaca y en los colectivos de arte de la ciudad comenzaron a tener más sentido. Estas imágenes también estaban conectadas al lugar, a historias y a prácticas culturales: la cultura de protesta, una iconografía de la rebelión y la lucha contra el Estado, el apoyo a la cultura indígena. Estos fueron intentos de elaboración de un nuevo imaginario de la solidaridad y de la lucha contra las diversas formas de opresión utilizando el lenguaje de los esténcils, los grafitis, los carteles políticos, etc. El maravilloso libro Teaching Rebellion (Enseñando la Rebelión), que es una recopilación de testimonios personales de aquellos presentes en la rebelión de los maestros en Oaxaca, dice también algo sobre esta expresión visual de la cultura política. En la introducción del editor describe cómo los artistas de grafitis jugaron un papel crucial desafiando los medios de comunicación dominados por el gobierno, apropiándose de otros espacios de comunicación: las paredes de la ciudad:

“Estos artistas utilizaron su creatividad e imaginación para representar visualmente los marginados, explotados y oprimidos, así como para promover una cultura anti-capitalista  en Oaxaca. El movimiento demostró su capacidad no sólo para organizar actos políticos, sino para crear manifestaciones artísticas y culturales, para recuperar una historia de Oaxaca que no estuviera  mediada por el brillo del turismo.” (Traducción directa, no oficial)

Esténcil: multinacionales, Oaxaca, foto tomada por Udi

Esténcil: multinacionales, Oaxaca, foto tomada por Udi

“El gran triunfo”, grafii, Oaxaca – foto tomada por Udi

En algunas de estas obras, el indio, que como nos cuenta Batalla había servido únicamente para representar un fósil de la gloria pasada y, como tal, un ingrediente inocuo contribuyendo a la identidad nacional, aparece como sujeto vivo, como alguien contestando o resistiendo la situación actual. Tal es la fuerza de la resistencia de la mujer indígena del México profundo que apunta con un arma a quienes quieren imponer el maíz genéticamente modificado, quienes quieren imponer una cosmovisión ajena.

Mujer indígena con escopeta, esténcil, Oaxaca, foto tomada por Udi

Mujer indígena con escopeta, esténcil, Oaxaca, foto tomada por Udi

Estos artistas callejeros mostraban también algo que luego llegamos a conocer más profundamente durante nuestra estadía en Oaxaca: la importancia de la autonomía frente a diversas instituciones estatales o empresariales de las que nos hemos hecho dependientes  entregándoles la organización, producción y control de nuestra educación, salud, alimentación,  comunicación e incluso saneamiento (más sobre esto en breve). En este caso, las paredes de la ciudad son un medio de recuperar los espacios para la comunicación y la expresión visual.

Colectivo de grabadores, Oaxaca, foto tomada por  Udi

Colectivo de grabadores, Oaxaca, foto tomada por Udi

Póster de la solidaridad zapatista en el estudio de un artista de grafitis, Oaxaca - foto tomada por Udi

Póster de la solidaridad zapatista en el estudio de un artista de grafitis, Oaxaca – foto tomada por Udi

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